“Lo que hago siempre es y será con mucha pasión”, cuenta Andrea Gálvez, una caleña e ingeniera Biomédica que siempre ha soñado con salvar vidas.

Aunque empezó a estudiar medicina, luego de tres años y medio de carrera decidió cambiar el rumbo de su vida. Pese a los comentarios y las dudas que tenía, esta caleña se encaminó por una profesión que mezclara la tecnología con la ingeniería sin dejar a un lado la medicina.
 
Ingeniería biomédica le sonaba a ciencia ficción, pero presentía que terminaría siendo algo muy innovador. Y aunque le inquietaba no terminar medicina, dice que esta fue la mejor decisión que ha tomado en su vida. “Debo confesar que al comienzo me costó muchísimo y me llené de más dudas", señala Andrea sobre su ingreso al programa de Biomédica en la Universidad de los Andes, en donde hizo parte del Grupo de Investigación de Neurociencias. Allí conoció a Fernando Cárdenas y a Mario Valderrama, sus profesores. Sus grandes mentores. Los dos la llevaron a conocer el apasionante mundo de la investigación y en el Grupo trabajó en diferentes proyectos, incluso después de graduarse como ingeniera biomédica.
 
Andrea trabaja en Suiza desde hace unos cinco años. Allí, a través de un trabajo colaborativo e interdisciplinario, junto con investigadores de diferentes partes del mundo desarrollaron una tecnología que ayuda a pacientes con lesión medular (tetrapléjicos y parapléjicos), a volver caminar. “Desde hace más de 10 años en el laboratorio se ha trabajado en el estudio de los daños en la médula espinal con un enfoque de estimulación eléctrica”, resalta Gálvez, candidata a doctorado en Ingeniería Eléctrica y Electrónica en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (Suiza).

Cuando existe una ruptura de la médula por una lesión, las señales que bajan del cerebro no pueden ser transportadas al resto de la médula espinal, lo que impide la movilidad. De acuerdo con la neuroingeniera, el paciente es intervenido quirúrgicamente y durante este proceso se implantan dos dispositivos: un electrodo en la parte lumbar por debajo del nivel de la lesión de la medula espinal, y otro (similar a un marcapasos) en la zona abdominal. Para envíar los patrones de estimulación, que se asemejan a los impulsos eléctricos que van desde el cerebro al resto del cuerpo para crear el movimiento, los neuroingenieros utilizan otro dispositivo externo que permite la comunicación con los otros dos implantes en el cuerpo del paciente. 

En sus palabras, “La ventaja de esta tecnología es que hemos diseñado programas de estimulación que asemejan de la manera más natural los patrones normales que envía el cerebro para la activación muscular”.
 
En 2018, se realizó el primer ensayo clínico en humanos. Lograron que seis pacientes con lesión medular incompleta (aún conservaban fibras que conectaban el cerebro con el resto del cuerpo) caminaran y realizaran diferentes actividades que antes de la intervención les era imposible de ejecutar.


 
Después de este gran logro, continuaron trabajando en la evolución de esa tecnología para tener una estimulación más precisa y específica. De hecho, experimentaron con tres pacientes más, pero esta vez con lesión medular completa (parálisis total de la cintura para abajo) causada por un accidente, con resultados inimaginables en su momento: los tres se pudieron sostener de pie. “Ver recuperar la movilidad en personas que no tenían ninguna posibilidad hacerlo es supremamente emotivo", señala la investigadora.
 
Lo interesante de esta neuroprótesis, pequeña y portátil, es que se puede encender y apagar desde el dispositivo movil o intercomunicador. Esto le permite al paciente mayor comodidad para transportarse y realizar actividades cotidianas. “A todo este proceso se suma un grupo multidisciplinario que ayuda en la rehabilitación con fisioterapeutas y toda la parte clínica, dando un acompañamiento a nuestros pacientes y sus familias", agrega.

Andrea realizó su maestría en Neurociencias y hoy se encuentra finalizando su doctorado en Ingeniería eléctrica y Electrónica en Suiza: “Hacer investigación en Colombia no es nada fácil, pero es posible, hoy agradezco a los mentores que me impulsaron y me motivaron a hacerla y me dijeron varias veces: '¡Andrea, usted puede!'”.

Escrito por:

Johanna Ortiz Rocha