“Adoptar otras formas de pensar nos está conduciendo a una tragedia ambiental”

Atardecer en el campo con neblina.
09/02/2021
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La pérdida de más de la mitad de los corales del mundo y la destrucción de la selva amazónica son apenas dos hechos que nos muestran la tragedia que se vive como consecuencia de la crisis ambiental, sostiene Manuel Rodríguez Becerra, profesor emérito de la Universidad de los Andes.

El investigador señala que esta destrucción ambiental a la que se suma también una serie de problemas sociales denota que se agotó el modelo y exige una transformación social y económica. Sus palabras fueron parte de la apertura de la primera Cátedra “Repensar el futuro de América Latina y el Caribe”, del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible (CODS), de la Universidad de los Andes; el Foro Nacional Ambiental (FNA) y diferentes universidades del país.

“Hemos asumido la agenda de los países centro y esto ha sido un error fatal. Somos muy poco responsables del cambio climático y estamos dejando de lado nuestro patrimonio natural, que realmente debería ser nuestro objetivo”, explica Nicolo Gligo, director del Centro de Análisis de Política del Instituto de Asuntos Públicos (INAP), de la Universidad de Chile.

 
Y es que para Rodríguez Becerra los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) son insuficientes en relación con lo que se requiere para recuperarse de esta gran tragedia, porque no tocan puntos esenciales de la economía del mundo capitalista.

Repetir las instrucciones que llegan de otros países es parte de nuestros fracasos. “Por eso haber adoptado formas de pensar de Europa, Estados Unidos o Asia es lo que nos ha conducido a esta tragedia”, argumenta Julio Carrizosa Umaña, del comité asesor del Foro Nacional Ambiental. El modelo de desarrollo actual nos ha hecho caer en una política que atenta contra nuestra base de sustentación, agrega, nos empobrece, “literal nos está llevando al suicidio”.

La base del desarrollo latinoamericano está en el territorio, que cada vez se achica más. De ahí que el llamado de los ambientalistas esté dirigido hacia la conservación de los recursos naturales y hacia formas que dirijan la mirada hacia el buen vivir, como lo detalla el libro “La tragedia ambiental de América Latina y el Caribe”, de la CEPAL, que recoge el trabajo de 21 ambientalistas de la región.

Foto: Felipe Cazares
El buen vivir puede conducirnos a nueva forma de reconocer la realidad
Julio Carrizosa
Ambientalista
Esta perspectiva plantea volver a la tierra y a la reflexión profunda sobre el daño que le estamos haciendo y de brindar esperanza a las generaciones futuras, plantea Alicia Bárcena, secretaria ejecutiva de la CEPAL.

Para alcanzar esa mirada, el ambientalista Nicolo Gligo aclara que se deben tener unos prerrequisitos: hacer del medio ambiente un sujeto político y así reorganizar el territorio y la sociedad. Para eso será clave la participación ciudadana que parta de un análisis crítico. En segunda instancia hacer del desarrollo algo intrínsecamente ambiental, a través del ordenamiento territorial, la ciencia y tecnología y la gestión ambiental.

Carrizosa argumenta que no solo eso es suficiente, sino que debe haber un cambio de mentalidad y forma de pensar, como un requisito prioritario. En sus palabras se debe reaprender a ver el mundo no solo a través de los cristales de la política y la economía. “El buen vivir puede conducirnos a nueva forma de reconocer la realidad, que está en la región, en sus barrios. Aferrarnos a esta idea no es solo lograr un modelo de desarrollo, sino pensar diferente, pensar en lo propio”, agrega el investigador.
 

¿Cómo balancear el desarrollo en la práctica? Se deben definir los límites de intervención de la naturaleza, más aún cuando el Producto Interno Bruto (PIB) mide solo el flujo de los mercados y no refleja los acervos naturales ni el estado de la misma.

De esta manera, asegura José Luis Samaniego, director de la CEPAL, se deben cambiar las métricas para evitar perder más especies, para hacerse cargo de las dinámicas sociales y transformar cómo hacemos las cosas dentro de los límites sociales, económicos y naturales.

El cambio de relación de la sociedad con la naturaleza es vital para erradicar de forma urgente la pobreza, causa y secuela del deterioro ambiental. El profesor Manuel Rodríguez Becerra llama la atención sobre el Acuerdo de Escazú, como la posibilidad de empoderar más a la gente frente a los grupos que tienen excesivo poder y que reproducen un modelo de desarrollo insostenible.

 



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