Egresado Uniandino dirige la primera ópera vallenata

Foto Alejandro Martínez dirigiendo la ópera vallenata
Foto Alejandro Martínez dirigiendo la opera vallenata
Foto Alejandro Martínez dirigiendo la ópera vallenata
14/04/2021
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Alejandro Martínez Casanova, egresado del Departamento de Música, fue el encargado de dirigir una nueva apuesta musical que fusiona ópera y vallenato.

De niño, Alejandro Martínez pensaba en que iba a ser sacerdote. Tenía 9 años y estudiaba en un colegio católico en donde despertó su gusto por el canto llano (música vocal de las liturgias cristianas), los cantos gregorianos y la ópera. Luego, al terminar su bachillerato, escogió la filosofía, pero como su vida estuvo tan ligada a la música decidió matricularse en la Universidad de los Andes y terminó estudiando música con énfasis en dirección coral.

En diciembre de 2021, Martínez dirigió la primera ópera vallenata del mundo en la conmemoración del 53 aniversario del Departamento del Cesar. El artista bogotano actualmente desarrolla un proyecto artístico coral y de ensambles musicales con niños y jóvenes salesianos del oeste de Estados Unidos.

En esta entrevista habla de su trayectoria musical, de su gira en Alemania, de su rol como director de orquesta y de su abuelo: una de sus mayores inspiraciones. 

Foto de Alejandro Martínez
Alejandro Martínez Casanova durante el cumpleaños del Departamento del Cesar. Foto: archivo personal.
 
¿De dónde nace ese interés por la música?

Cuando era niño, a mis nueve años, estudiaba en un colegio de curas y un día la profesora de música me escucho cantar el himno nacional. Ella me dijo que hablará con el padre Juan Pablo Rodríguez, director del coro. Él fue mi primer maestro, mi primer contacto con la música. Un día les dijo a mis papás: “su hijo está invitado a formar parte de un grupo seleccionado para viajar a Alemania en una gira para acompañar a una artista en una serie de conciertos de navidad”. Viajé por dos meses, sin la compañía de mis padres y fue ahí cuando entendí hasta dónde me podía llevar el arte. 

Desde ese momento y aunque he recorrido muchos caminos, nunca me he separado de la música.

Recuerdo que mi abuelo me hablaba de Pavarotti. Yo tomaba mis juguetes y los organizaba como si fuera una orquesta y tenía un muñeco gordito que era como Pavarotti y lo ponía como el director. Yo era muy pequeño, no tenía más de 4 años.
Luego de la gira por Alemania ¿Qué pasó con usted?

Ingresé al Coro Infantil y Juvenil de Colombia que dirigía la maestra Carolina Gamboa, actual directora del Departamento de Música. Allí tuve la oportunidad de cantar por primera vez ópera en la obra de Carmen de Bizet en el Teatro Colón de Bogotá, dirigida por el maestro Alejandro Posada y donde la solista era Martha Senn. Fue una experiencia mágica conocer lo que hay tras escena.

Lo que aprendía lo replicaba en el coro del colegio. El padre Juan Pablo tenía una gran colección de música, él me regalaba CDS de música clásica y música coral. Junto con un amigo escuchábamos Carmina Burana y con esas referencias también escuchábamos el canto llano y los cantos gregorianos.

Usted interpreta varios instrumentos, ¿prefiere cantar o tocar?

Aprendí a tocar guitarra desde niño y, aunque no soy pianista, toco piano y violonchelo. De hecho, tuve la oportunidad de presentarme en una franja de conciertos con la Orquesta de Los Andes como violonchelista. Participé en el Encuentro de Chelistas, un festival nacional, y exploré la percusión. De niño toqué clarinete y saxofón, pero definitivamente lo que siempre me sedujo fue el canto. 

Cantar me ha permitido explorar la música en muchas dimensiones a nivel estético y espiritual. De hecho, tuve la oportunidad de trabajar con la Orquesta Filarmónica de Bogotá.

Durante la preparación de la Novena Sinfonía de Beethoven con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia
Alejandro Martínez durante la reparación del coro de la Novena Sinfonía de Beethoven con la Orquesta Sinfónica Nacional de Colombia (2016). Foto: archivo personal.
 

¿Cuéntenos de su rol como director de orquesta?

Soy director coral y orquestal. Lo mío, a pesar de que he hablado mucho del canto, ha sido dirigir. Me apasiona tener un grupo de personas al frente y transmitirles las ideas, decirles cómo hacerlo y mostrarles de pronto cual es la idea estética.

Después de tener una gran influencia por la música clásica, ¿cómo llega al vallenato y específicamente a la ópera vallenata?

Debo confesar que en un tiempo de mi vida era antivallenato, antipop, anti todo, para mí lo único era la música clásica. Pero de un tiempo para acá me encanta explorar y abrirme a nuevos ritmos. Logramos una excelente interpretación de la ópera vallenata.

En la Orquesta Filarmónica de Bogotá conocí a Ernesto Angulo, creador y la mente detrás de la ópera vallenata. Es compositor y arreglista de la mayoría de la música que presentamos durante el cumpleaños del Departamento del Cesar en diciembre de 2020. Ernesto es oriundo de Valledupar y desde hace dos años le rondaba en la cabeza unir ópera con vallenato.

Estaban unidos tres compositores y Ernesto me dijo que necesitaba una persona que dirigiera la música. Ellos me entregaron las partituras y tuve que enfrentarme al quinteto de cuerdas, al conjunto vallenato, que no eran músicos que pudieran leer partituras, lo que ya era un gran desafío.

¿Cómo fue dirigirlos?

Algo muy especial para mí es que de todas las personas que hicieron parte de la ópera vallenata, en la plaza de la Gobernación en Valledupar, yo era el único bogotano.

Es importante recordar que la ópera une la actuación, la dirección de orquesta, el violín, las cuerdas, los metales, el coro, los solistas... O sea, a nivel de dirección es una de las cosas más completas y retadoras que hay, porque dirigir no es solo batir las manos y ya. La mente de un director tiene que estar todo el tiempo en funcionamiento, ser veloz, pero con uu tacto minucioso y gran sutileza.

En la ópera vallenata debo estar pendiente de la orquesta, de lo que sucede en la escena, dar la entrada y estar atento de quien puede 'meter la pata'. Hay que tratar de tener todo bajo control.

Los directores corales y orquestales debemos conocer de dicción en distintos idiomas, debemos investigar todo el tiempo, si no sabemos algo, tratar de entenderlo mejor. En este caso tenemos dos lenguajes; el clásico y el tradicional vallenato. Cuando estamos haciendo una fusión entre dos mundos que parecieran opuestos se convierte en un todo reto. Es ahí en donde la elocuencia de la música entra y uno empieza a entender que hay un único espíritu en todas las manifestaciones musicales que puedan existir. 

La obra que interpretaron fue 'La leyenda se hizo canto'. Háblenos de ella. 

Interpretamos un argumento modificado de las tradiciones de la región, una leyenda de una creencia que existe y cuenta que en Semana Santa la gente no puede bañarse en el río Guatapurí, porque se convierte en pez. Basado en esto, mi amigo Ernesto Angulo creó 'La leyenda se hizo canto', la historia de Rosario y Giuseppe, quienes un jueves santo fueron al río y ella cae por accidente al agua y se convierte en sirena. 

El final de la obra es muy bonito porque Rosario canta una vocalización como solista en un lenguaje muy eólico y muy contemporáneo, musicalmente hablando.

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