Triatoma dimidiata: un nuevo enemigo silencioso

Profesor Felipe Guhl
Felipe Guhl Nannetti, director del Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical (CIMPAT). Foto: Felipe Cazares
Expositor en un atril
Cuarta Reunión Anual sobre Investigación en Leishmaniasis y enfermedad de Chagas, realizada en la Universdad de los Andes. Foto: Felipe Cazares
Ilustraciones de tres insectos que producen la enfermedad de Chagas
Profesor Felipe Guhl
Expositor en un atril
25/07/2019
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70 millones de personas en América están en riesgo de adquirir la enfermedad de Chagas. 

La infección, transmitida por insectos vectores del parásito Trypansoma cruzi, se contagia principalmente por vía transfusional o por vía oral a través de alimentos contaminados. 

Las cifras reveladas por la Organización Mundial de la Salud (OMS), por el Centro de Investigaciones en Microbiología y Parasitología Tropical (CIMPAT) de la Universidad de los Andes, por instituciones académicas y por distintas entidades gubernamentales en el continente, preocupan.

En Colombia, por ejemplo, se calculan 800 mil infectados, 6 mil nuevos casos por año y más de 5 millones de personas en riesgo debido a la distribución geográfica de los insectos vectores, de los cuales hay 26 reportados, 15 capaces de transmitir el parásito en la naturaleza y 3 de ellos que se adaptan muy fácil al hábitat humano: Rhodnius prolixus, Triatoma dimidiata, Triatoma maculata.

Foto: Felipe Cazares

El primero, ha sido extinguido en su totalidad en todos los países de Centroamérica, así como en algunos municipios de Colombia, razón por la cual los investigadores concentran ahora sus esfuerzos en el segundo de la lista: Triatoma dimidiata, actual protagonista en la transmisión vectorial. 

“Ese segundo vector tiene un comportamiento muy diferente al primero. Tiene una movilidad gigantesca. Apenas siente que hay insecticida se va al peridomicilio y se queda allá. Es muy caminador: va y vuelve”, explica el profesor Felipe Guhl, director del CIMPAT, quien a su vez asegura que Boyacá y Casanare, fueron certificadas regiones libres de Rhodnius prolixius

Pero, resolver y mitigar esta problemática de salud pública en Latinoamérica, sigue siendo un reto, tanto para científicos y académicos, como para las autoridades gubernamentales que han propuesto cuatro iniciativas en la búsqueda de soluciones, de las cuales el CIMPAT ha liderado dos: la de los Países Andinos (Ecuador, Colombia, Perú y Venezuela) y la Iniciativa Amazónica para el control vectorial y transfusional de la enfermedad de Chagas (Colombia, Brasil, Ecuador, Perú, Las Guyanas, Bolivia y Venezuela).

Foto: Felipe Cazares

De hecho, con el apoyo de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y la Organización Panamericana de la Salud, se celebró en abril de 2019, la Cuarta Reunión Anual sobre Investigación en Leishmaniasis y enfermedad de Chagas, en donde llevaron a cabo foros de discusión y de aprendizaje con expertos de Centroamérica, México y Suramérica, y también con autoridades internacionales de salud para articular esfuerzos que ayuden a mitigar la proliferación de estas dos enfermedades en la región y, en ese sentido, fijar protocolos para el manejo y control del Triatoma dimidiata.
 
“Es un llamado para que las autoridades de salud tomen mayor conciencia de la problemática de la enfermedad de Chagas”, señala Guhl sobre este evento organizado por el Centro de Investigaciones en Parasitología Tropical de la Universidad de los Andes (CIMPAT) y el Programa de Estudio y Control de Enfermedades Tropicales (PECET) de la Universidad de Antioquia, en donde se anunció que la OMS decretó el 14 de abril como Día Mundial de Chagas. 

Foto: Felipe Cazares

Otro de los aspectos que inquietan a la comunidad científica es el aumento en cultivos de palma africana que supera las 500 mil hectáreas en el país. 

En palabras del profesor Guhl, quien ha investigado durante cuatro décadas las enfermedades olvidadas, específicamente la de Chagas: “Hemos venido estudiando, en los últimos 6 años, la palma africana en la Orinoquía, Casanare, Arauca, y el valle del Magdalena, pues el ambiente natural de los insectos vectores que transmiten la enfermedad son las palmas naturales. Ha habido un cambio en el ambiente y los insectos transmisores se han adaptado muy bien a vivir en las palmas de aceite africano”. 
 
Sobre mantener informada a la población y en alerta a las autoridades gubernamentales y de salud pública, el biólogo y microbiólogo de la Universidad de los Andes concluyó que “lo importante es dar a conocer cómo y en dónde se transmite la enfermedad. Es educación primaria en salud”.  

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