COVID-19: ¿Qué evidencia existe sobre la eficacia del uso del tapabocas?

Hombre en transporte público con tapabocas
26/05/2020
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Investigadores de Los Andes evalúan la evidencia científica sobre el uso generalizado de tapabocas para disminuir la transmisión del COVID-19 .

El uso generalizado de tapabocas podría ayudar a reducir la propagación de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Este documento busca proporcionarle a los formuladores de políticas públicas la evidencia existente sobre el uso de tapabocas en el entorno comunitario. 

Conozca AQUÍ el documento: Uso de tapabocas en la población general para controlar la transmisión de COVID-19 ¿Cuál es la Evidencia?

No encontramos evidencia directa del uso de tapabocas en COVID-19, pero hay evidencia limitada sobre la efectividad del tapabocas quirúrgico en la prevención de otras infecciones respiratorias. No hay evidencia suficiente sobre la seguridad, los costos y la aplicabilidad local de la estrategia de uso de tapabocas masivo. En conjunto, aunque cada vez hay más informes que describen el uso de tapabocas para reducir la transmisión de infecciones respiratorias en la comunidad, no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra del uso generalizado de tapabocas para disminuir la transmisión de COVID-19. A pesar de la evidencia insuficiente, dicha política podría estar justificada, en cuyo caso se deberían tener en cuenta los aspectos y las limitaciones de la evidencia discutidos en el texto.

¿Cuál es el problema?

El virus del síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2), es responsable de la enfermedad por coronavirus 2019 (COVID-19). Este parece ser transmitido por personas sintomáticas, así como por individuos presintomáticos y asintomáticos, quienes transmitirían el virus sin siquiera sospechar que son portadores.
La higiene de manos y las medidas de distanciamiento social pueden controlar la transmisión del virus. Sin embargo, incluso después de poner en práctica estas medidas, el número de personas enfermas excedería la capacidad instalada de unidades de cuidado crítico de los sistemas de salud en todo el mundo. El uso generalizado de tapabocas podría ayudar a reducir aún más el riesgo de transmisión del virus.
Este Policy Brief busca identificar la evidencia existente con respecto al uso de tapabocas a nivel comunitario, para determinar si el uso generalizado de tapabocas debería implementarse en la población general. Definimos generalizado, como el uso del tapabocas en múltiples entornos comunitarios en los que se produce contacto estrecho de persona a persona, independientemente de su estado sintomático. Esta estrategia está dirigida tanto a la prevención como al control de la fuente de la infección.

¿Qué hicimos?
Se realizó una búsqueda sistemática rápida en MEDLINE y Cochrane para identificar revisiones que evaluaran el uso de máscaras en el entorno comunitario. Realizamos la búsqueda hasta la tercera semana de abril de 2020. Además, se identificaron estudios experimentales y observacionales relevantes, así como estudios preclínicos, mecanicistas, modelos matemáticos y comunicaciones científicas mediante la revisión de listas de referencias y una búsqueda no sistemática.

¿Qué encontramos?
Al momento, el uso de tapabocas en el entorno comunitario no se ha evaluado en el contexto de COVID-19. Sin embargo, los resultados de estudios realizados en el contexto de otros virus respiratorios pueden usarse como evidencia indirecta.
Hay creciente evidencia sobre la efectividad del tapabocas para prevenir infecciones respiratorias en sujetos sanos y reducir su transmisión por parte de pacientes sintomáticos, en una variedad de entornos comunitarios, incluidos hogares, residencias universitarias, lugares públicos y aglomeraciones masivas. La certeza de la evidencia es moderada para el uso de tapabocas quirúrgico junto con lavado de manos, y baja a muy baja para el tapabocas como intervención aislada. Aunque los resultados son mixtos y algunos estudios no encontraron reducciones estadísticamente significativas, el tamaño del efecto reportado típicamente varía entre una reducción del riesgo relativo del 10% al 50% en la incidencia de infecciones respiratorias.

Se ha demostrado que el tapabocas quirúrgico es no inferior al respirador N95 en diferentes estudios. Otros tipos de máscaras faciales, como aquellas de algodón, tela o papel, se han estudiado mucho menos; su eficacia y seguridad aún se desconocen en gran medida. En un experimento de prueba de concepto, los tapabocas caseros mostraron niveles variables de respirabilidad y eficiencia de filtración dependiendo del material, aunque fueron considerablemente menos efectivos que los tapabocas quirúrgicos en bloquear la transmisión de partículas infecciosas.
Los autores de esta investigación advirtieron sobre una posible disminución en la eficiencia de filtración de los tapabocas después de usarlos por unas horas, lo cual aumentaría la cantidad de partículas virales que se liberan al medio ambiente. Además, un ensayo clínico reveló que los tapabocas de tela conllevan a tasas de infección más altas que las máscaras quirúrgicas, lo que se puede deber, al menos en parte, a un efecto nocivo de las máscaras de tela. Sin embargo, este ensayo se realizó en trabajadores de la salud, y se requieren estudios adicionales para determinar la consistencia y las implicaciones de estos hallazgos en ambientes hospitalarios y comunitarios.

Encontramos una serie de estudios mecanicistas y modelos matemáticos que respaldan la plausibilidad de una estrategia de uso de tapabocas a nivel poblacional para el control de la transmisión del virus respiratorio en el contexto de una pandemia. Un estudio reciente mostró que las tapabocas quirúrgicos reducen en gran medida la eliminación del virus por parte de pacientes sintomáticos con infecciones respiratorias agudas. Se sugiere que el tapabocas puede disminuir la propagación del virus por parte de individuos presintomáticos y asintomáticos, quienes parecen jugar un papel importante en la enfermedad COVID-19.

Por otro lado, no hay evidencia suficiente sobre los costos de una estrategia de uso masivo de tapabocas. Algunos autores han llegado a la conclusión de que la estrategia sería costo-efectiva en el escenario de una pandemia de influenza. La aplicabilidad de esos resultados al contexto de la enfermedad COVID-19 en países de bajos y medianos ingresos no está clara.

Se sabe muy poco sobre los posibles daños, así como sobre las consideraciones de implementación y de equidad de usar tapabocas a nivel comunitario. La baja adherencia y el uso inadecuado del tapabocas son desafíos frecuentes que pueden abordarse a través de estrategias educativas para garantizar su efectividad. Se sabe que la adherencia es alta en situaciones de alta susceptibilidad y gravedad percibidas, lo cual favorecería su uso en el contexto de COVID-19. Con respecto a la equidad, el uso masivo de tapabocas puede ayudar a reducir el estigma para los pacientes con COVID-19 u otras infecciones respiratorias. Por el contrario, esta política podría generar desigualdades en el acceso al tapabocas, y estigmatización de las personas que no cumplan con el comportamiento considerado como socialmente aceptable. Un daño potencial de la implementación generalizada de tapabocas es la escasez de estos tapabocas para los trabajadores de la salud. También se ha mencionado que el uso de tapabocas médicos puede causar una falsa sensación de seguridad, haciendo que los usuarios descuiden otras medidas importantes para el control de la transmisión, aunque esta afirmación no se ha estudiado según nuestro conocimiento. Por el contrario, el uso de tapabocas podría aumentar la conciencia del riesgo y disminuir la transmisión por contacto, al evitar que los usuarios se toquen la boca y la nariz con partes del cuerpo u otros objetos contaminados.

¿Qué sigue?
Concluimos que existe creciente sobre la efectividad del tapabocas para reducir la transmisión de infecciones respiratorias en la comunidad, pero no hay evidencia suficiente para recomendar a favor o en contra del uso generalizado de tapabocas para disminuir la transmisión de COVID-19.

Sin embargo, la evidencia insuficiente de efectividad no debe equipararse a evidencia de inefectividad. En el contexto de evidencia insuficiente, la decisión de implementar una política de uso masivo de tapabocas puede estar aún justificada si los beneficios potenciales de la intervención superan los riesgos de ser perjudicial, ineficaz o que no justifique su costo; y algunos autores han abogado por un enfoque precautorio para favorecer su uso en el contexto de la pandemia actual. La implementación de dicha estrategia, incluida la selección del tipo de máscara, debe considerar los hallazgos y limitaciones de la evidencia discutidos anteriormente. Debe enfatizarse que una política de enmascaramiento de toda la población representa una intervención compleja en un sistema complejo, cuyas consecuencias y daños potenciales son a menudo imprevisibles.

Finalmente, destacamos que el tapabocas no es una intervención aislada, sino que debe recomendarse junto con la higiene de las manos y demás medidas para controlar la transmisión del virus.

Investigadores: Mario Alejandro Jiménez Mora; Julia Andrea Gómez Montero; Juan José Yepes-Nuñez, MD, MSc, PhD; María Lucía Mesa Rubio, MD, MSc.


Agradecimientos: Agradecemos al médico familiar y epidemiólogo clínico, Luis Gabriel Cuervo Amore, por las recomendaciones que brindó en su tiempo personal, orientaciones metodológicas y bibliográficas en las fases iniciales del análisis. 


La Universidad de los Andes desarrolla este artículo respondiendo a la coyuntura por la pandemia de COVID-19. Tenga en cuenta la fecha de publicación para entender el contexto de su contenido. No olvide consultar los análisis mas recientes sobre COVID-19 en nuestro especial. 

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