Descubrir los secretos de las lágrimas, una tarea emocionante

Cristales de lágrimas  y el rostro de una mujer que llora
Investigadores de Ingeniería Biomédica de Los Andes descubrieron la estética oculta en lágrimas de distintas personas y emociones.
Micrográfias de cristales de lágrimas.
Donante: Alexandra / Lágrima de angustia. Imagen: Biomedical Computer Vision.
Micrográfias de cristales de lágrimas.
Donante: Andrés /Lágrima de sensibilidad. Imagen: Biomedical Computer Vision.
Módulos de una exposición fotográfica
En agosto de 2019 el Departamento de Ingeniería Biomédica y el Centro Cultural de la Decanatura de Estudiantes presentaron la exposición TOTÆ LACRIMÆ. La curaduría estuvo a cargo de Jéssica Rosas Esquivel, gestora cultural y museógrafa.
Cristales de lágrimas  y el rostro de una mujer que llora
Micrográfias de cristales de lágrimas.
Micrográfias de cristales de lágrimas.
Módulos de una exposición fotográfica
21/01/2020
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Dos estudiantes y un profesor de Ingeniería Biomédica de Los Andes intentaron hallar patrones comunes en diferentes tipos de lágrimas. Aunque no los encontraron, detrás de las micrografías logradas, descubrieron la estética oculta en el complejo universo de estas pequeñas gotas a partir de muestras de distintas personas y emociones.

Aquella idea del profesor Pablo Arbeláez Escalante y de sus estudiantes Laura Bravo Sánchez y Jorge Madrid Wolff —los tres de la Maestría en Ingeniería Biomédica—, de diseñar una base de datos y desarrollar métodos de inteligencia artificial para identificar patrones de distintos tipos de lágrimas, concluyó con un trabajo alucinante: TOTÆ LACRIMÆ, una exposición fotográfica de cristales de lágrimas de más de 15 emociones y 20 personas.

Imagen de lágrima de sensibilidad poética
Donante: Andrés / Lágrima de sensibilidad poética. Imagen: Biomedical Computer Vision.

“Empezamos por las nuestras”, cuenta el matemático Pablo Arbeláez. Pero advierte, jocoso, que los primeros ensayos por conseguirlas fueron un total fracaso: se atrevieron a picar cebolla en los laboratorios de la Universidad, congregaban amigos para ver películas que despertaran el llanto o se reunían a contar chistes para sacarlas a punta de carcajadas.

Los tres sabían que no era tarea fácil. Entonces, pusieron en sus bolsillos minitubos de laboratorio, los llamados Eppendorf, para aprovechar cualquier oportunidad de recolección que pudiera presentarse.

imagen de minitubo Eppendorf
Cada minitubo Eppendorf estaba etiquetado con nombre, fecha y tipo emoción. Foto: Felipe Cazares

“Mi hija, de 11 años, viajaba a Francia con sus compañeros de curso. Ese día llevé 50 tarritos al aeropuerto y se los entregué a las mamás —recuerda el profesor—. Les expliqué sobre el experimento, pero al final no recogí ni una sola. Deduje dos cosas: quizá, algunas prefieren no llorar en público o las otras lloraron tanto que olvidaron lo del frasquito o no les importó”.

Pese a estos intentos fallidos, finalmente terminaron por convencer a familiares y amigos de recibir el tubito y depositar sus emociones en él.

Imagen de micrográfias de cristales de lágrimas
Donante: Alexandra / Lágrima de angustia. Imagen: Biomedical Computer Vision.

Recolectaron de todo: alegría, tristeza, rabia, angustia, desesperación, algunas que brotaron después de un bostezo e, incluso, las producidas por un resfriado o por una conjuntivitis. Llegaron hasta de ‘cocodrilo’, como llamaron a esas que salen del llanto forzado.

Tomaron muestras minúsculas de cada una (1 microlitro). Las colocaron sobre la laminilla del microscopio y tras su secado, observaron los bellos cristales que se forman a partir de las sales, los péptidos y los anticuerpos que se producen en los ojos. “Todos estos son componentes fisiológicos de las lágrimas”, afirma Jorge Madrid, físico de profesión.

Imagen de lágrima de gripa
Donante: Valentina / Lágrima de gripa. Imagen: Biomedical Computer Vision.

Fueron casi dos años de pruebas y errores...

De navegar y explorar entre lágrimas en el laboratorio del grupo de investigación Biomedical Computer Vision de la Universidad de los Andes, dirigido por Arbeláez, en donde se desarrollan proyectos relacionados con inteligencia artificial.

Se lograron más de 1.200 imágenes (a color y blanco y negro), y se hicieron videos del proceso de cristalización de algunas de ellas. “Usamos tres técnicas de iluminación: luz transmitida, con la que se ven las sombras que proyectan los cristales; contraste de fase, que resalta sus bordes; y campo oscuro, que captura la luz dispersada”, cuenta la ingeniera biomédica Laura Bravo.

“Es nuestra ceremonia a la belleza de la emoción humana, lo mortal que toca el espíritu”, definieron los autores de esta emocionante tarea.

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