Palabras de agradecimiento de Juan Camilo Cárdenas

Foto de Juan Camilo Cárdenas
Juan Camilo Cárdenas, decano de la Facultad de Economía (2016 - 2020)
29/05/2020
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En su última sesión en el Consejo Académico de la Universidad de los Andes, como decano, Juan Camilo Cárdenas compartió palabras de agradecimento y algunas reflexiones sobre la vida académica, en sus 4 años liderando la Facultad de Economía. "Este Consejo Académico es testigo de cómo se cuida la pluralidad, la integridad, la diversidad y el bien común en la academia", resaltó Cárdenas, con inspiradoras palabras sobre la esencia de la Universidad para "comprender el mundo y formar estudiantes para esa búsqueda".

Compartir palabras de sabiduría con sus colegas es una tradición del Consejo Académico,  cuando uno de sus integrantes se despide. Quedan aquellas experiencias y aprendizajes para asumir los desafíos del presente y del futuro como institución.

Cabe recordar que Marcela Eslava ocupará este cargo, a partir del 1 de Junio de 2020.

Palabras de Juan Camilo:

Mayo 28, 2020

Estimados amigos del Consejo Académico

Prometer ser breve será un acto de fe similar al que hicimos durante varios años para que este Consejo Académico no llegara hasta las 11 de la mañana de tantos jueves. Ni siquiera cuando iniciamos a las 7 a.m. lo lográbamos. Ya, a estas alturas, Silvia estará pensando, "yo ya sabía que esto iba a ser largo con Juan Camilo". Pronto ella tendrá un contrafactual más o menos bueno cuando llegue Marcela Eslava y me mandarán el dato de los minutos, ojalá horas, ganadas.

Hoy quiero sobre todo darles gracias y hacer un par de invitaciones.

Las gracias.

Las primeras gracias son a Pablo Navas quien como rector confió en asignarme esta tarea hace 4 años, y a Ana María Ibañez quién me precedió y dejó una facultad robusta y estable, con un proyecto colectivo y con un norte claro que espero haber mantenido.

Gracias también a los vicerrectores con los que he trabajado durante este tiempo. Como siempre debe suceder en una comunidad académica, tuvimos diferencias y también tareas y logros comunes, siempre trabajando por lo que necesitaba la universidad. Aprendí mucho de ellos. Gracias a Alejandro que ha apoyado cada paso que hemos dado desde la facultad para seguir tratando de hacer bien las cosas.

A María Teresa Tobón, que, con su forma pausada, serena y firme, es ese faro y soporte de todos nosotros para que mantengamos eso que llamamos “la institucionalidad" y el contrato social en todo momento.

A ustedes colegas y cómplices de Consejo, gracias porque me enseñaron mucho de la diversidad de esta universidad, de su ADN, de sus principios y de los proyectos en sus unidades.

Particularmente quiero dar gracias a los representantes del Consejo Estudiantil, a quienes pude conocer un poco aquí. Tengo guardado en mi mesa de noche una libreta que firmaron varios representantes estudiantiles que logré conocer en estos años, me faltan las firmas de Ana, Jose Elías y Julián. Ustedes, los estudiantes, son la razón de ser de nuestro oficio y sin ustedes no seríamos universidad.

Eso de ser decano.

En estos años me tocó ejercer la ingeniería industrial después de 30 años, y aproveché un mantra que me enseñó un profesor de esa profesión, Carlos Navarrete. Hay que tener cuidado para no estar demasiado pendientes de atajar ratones porque los elefantes se le pasan a uno por encima. La decanatura es un montón de las dos, y la magia está en no descuidarlas; cada ratón y cada elefante son parte del mismo sistema que tratamos de cuidar.

Estando en este cargo traté de ejercer mucho de lo que siempre he tratado de estudiar en mis investigaciones: el bien común, la sostenibilidad, lo justo y la diversidad. Sobre las dos primeras, hemos visto nacer y crecer a ese adolescente, como dice el Rector, que es el Centro de los Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina, CODS. Ese proyecto ha permeado y creado redes adentro y fuera del país, mientras va contagiando a nuestra propia comunidad universitaria. En este tema, Alejandro lo sabe, cuenten conmigo para seguir apoyándolo.

La diversidad, un sueño que se va volviendo realidad en Los Andes, ha sido otro proyecto común. Este esfuerzo, específicamente para con el Pacífico, ha sido mi pequeña muestra de inmenso agradecimiento a una región que me abrió sus esteros, ríos, manglares y hogares para comenzar mi investigación hace más de 20 años. Pa’lante Pacífico es hoy una realidad, y tener hoy 24 estudiantes del litoral financiados para hacer parte del proyecto uniandino produce la emoción de un buen comienzo. Eduardo Behrentz y su equipo merecen un especial abrazo por la forma en que multiplicaron por miles los pocos millones con los que modestamente habíamos comenzado en el Semillero del Pacífico, ese grupo de jóvenes de esta universidad, comprometidos con esta región.

En esa otra meta, intangible a veces, de la honestidad y la integridad, ha sido un privilegio y un honor haber sido parte de proyectos que ha nacido gracias a iniciativas de la Decanatura de Estudiantes y el Centro de Ética Aplicada, con los liderazgos de Ma.Consuelo y Juny. Construimos juntos semillas de una estrategia lenta, pausada pero consistente para seguir buscando que la honestidad y la integridad se mantengan en la docencia y las normas sociales de la Universidad. Una tercera tarea en la que pueden seguir contando conmigo.

Y finalmente algunas invitaciones.

Durante estos tiempos de Covid estamos viviendo cambios que pueden ser valiosos, y por eso, la recomendación del viejo adagio, que algunos atribuyen a Churchill, de no dejar desperdiciada una crisis. Esta en particular podría invitar a un trabajo transversal entre profesores de todas las disciplinas para explorar la nueva pedagogía que vamos a tener que construir. Porque cuando termine la pandemia, seguiremos con los retos del aprendizaje de los estudiantes, y cómo lo evaluaremos en la virtualidad, o los cambios en la demanda y la pertinencia de la educación superior en este nuevo siglo.

Hace varios años tuve el honor de ser parte del Consejo Superior donde comencé a aprender del proyecto de universidad más allá de una sola facultad. Allí planteé por primera vez la necesidad de que esta universidad tuviera un estamento de deliberación de los profesores, sin poder decisorio y para las construcciones transversales. Propuse llamarlo el CPU, Consejo Profesoral Uniandino, como un espacio que podría ser privilegiado hoy para explorar. Ese CPU sería un espacio ideal para dar estas discusiones, y para seguir cultivando la interdisciplinariedad a la que nos siguen invitando Silvia Restrepo, Mauricio Nieto y el Rector.

Tenemos mucho para reflexionar en estos tiempos de pandemia. Nunca antes se volvió tan latente la importancia de la interdependencia entre humanos. De cuidar para cuidarnos y de cuidarnos para cuidar a los demás. Cambiemos el sentido “lavarse las manos” como un desentenderse, y volvámoslo un gesto de cuidar y cuidarse.

Con esta pandemia se volvió más urgente pensar la educación en una transición de la enseñanza hacia el aprendizaje, una transición del poder concentrado en el atril a construir y confiar en el aprender autónomo de los estudiantes.

Resignifiquemos lo que llamamos presencialidad, porque como dijo el profesor Vicente Durán Casas hace poco, “déjense de bobadas. Todas las clases son presenciales”. Estar presentes, en clase remota o no, será fundamental para ese aprendizaje autónomo.

Las desigualdades que tanto queremos romper con este proyecto Uniandino tan joven, de apenas 70 años, se desnudaron con el acceso desigual a la tecnología o al capital social o familiar con el que llegan algunos a primer semestre. ¿Cómo vamos a conectarlos más, de manera solidaria, sin importar las conexiones sociales o digitales que cada estudiante heredó en la lotería de la cuna?

Aquí, en el Consejo, pude ver de primera mano el poder de la deliberación, la acción colectiva y el federalismo de Los Andes que tanto me han fascinado, como ejercicio real y palpable de lo que una de mis mentoras, Elinor Ostrom, llamaba el policentrismo de la gobernanza. En este Consejo Académico viví en la práctica muchos de los principios con los que se fundó esta universidad, y quien haya asistido alguna vez a este Consejo Académico es testigo de cómo se cuida la pluralidad, la integridad, la diversidad y el bien común en la academia, para que ésta cumpla su misión esencial: comprender el mundo y formar estudiantes para esa búsqueda.

Muchas gracias a todos ustedes,

Juan Camilo Cárdenas

 

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