COVID-19: Su efecto en la destrucción de empleos y tejido empresarial

Mujer con tapabocas en un restaurante
24/06/2020
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Economistas de la Universidad de los Andes, analizan la desaceleración económica y la consecuente pérdida de oportunidades de trabajo y generación de ingresos para los hogares por causa de la pandemia por COVID-19

Vea la Nota Macroeconómica No.21: Destrucción de empleos y de tejido empresarial. ¿Qué tan grave puede ser? ¿Cómo contrarrestarla?
 
La magnitud del impacto económico de la emergencia ha sido ya enorme y puede serlo aún más. El levantamiento de los confinamientos es indispensable para empezar a recorrer la senda de la recuperación, pero no garantiza un rebote inmediato y total, y requiere ser sostenible desde el punto de vista de la salud para maximizar sus efectos positivos. La recuperación económica requiere entonces el robustecimiento de la capacidad en salud y del plan de PRASS. Es fundamental también embarcarse en ajustes a las regulaciones laborales y de mercado para que permitan la adaptación de las actividades productivas a una nueva realidad con distanciamiento social. Las transferencias y subsidios a personas y empresas deben mantenerse para aquellos a quienes aún no les está permitido regresar al trabajo, mientras que el necesario estímulo fiscal a través de un mayor gasto público se redirecciona a actividades que, como la construcción de vivienda, magnifican el impacto positivo de la intervención en la demanda agregada. Cuando el mayor reto fiscal está en la caída de los ingresos tributarios efecto de la recesión, frenar esa recesión es no sólo la prioridad para el bienestar de la población, sino también la prioridad fiscal. 

¿Qué tan grave puede ser?
La pandemia y las medidas que hemos tenido que adoptar, de manera agregada e individual, para enfrentarla han tenido unos efectos enormes sobre todos los aspectos de nuestras vidas. Enfrentamos y vivimos desafíos y cambios mayores que nos han exigido hacer ajustes en nuestras actividades, en nuestra vida cotidiana y en nuestras relaciones con los demás, entre todos, autoridades y ciudadanos, hemos logrado que el sistema de salud haya podido responder a las exigencias extraordinarias, hasta ahora, sin colapsar. También hemos vivido de forma más o menos directa y drástica las devastadoras con 18 de junio 2020 Nota Macroeconómica No.21 Destrucción de empleos y de tejido empresarial. ¿Qué tan grave puede ser? ¿Cómo contrarrestarla? secuencias económicas de la emergencia por COVID19. Las cifras de empleo nos ofrecen evidencia sobre la magnitud de estas consecuencias: para el final de abril se habían perdido 5.3 millones de puestos de trabajo. Con una masa de ocupados pre-COVID de 22 millones de personas, esa cifra habla de la pérdida de uno de cada cuatro puestos de trabajo. Ese mismo mes presentó una caída precipitosa de los ingresos en diferentes actividades económicas: 30% en las industrias manufactureras y extractivas, más de 90% en los hoteles y más de 60% en otros servicios de entretenimiento incluyendo restaurantes, alrededor de 25% en la salud.

La desaceleración económica y la consecuente pérdida de oportunidades de trabajo y generación de ingresos para los hogares responden a la combinación de cinco poderosas fuerzas:
  1. La caída de la demanda de bienes y servicios cuyo disfrute exige contacto físico con muchas otras personas que afectó a sectores específicos como los de espectáculos, la hotelería y los restaurantes y puede seguir afectándolos más allá de los periodos de confinamiento por decisión voluntaria de los consumidores.
  2. La imposibilidad para operar muchas empresas y negocios en medio del confinamiento impidió en abril el funcionamiento de sectores en los que trabajaba más del 40% de los ocupados pre-crisis.
  3. El choque externo generado por la recesión mundial que golpeó la demanda de exportaciones y las remesas provenientes del exterior, afectó los ingresos del sector pretrolero y del gobierno y dificultó el acceso a insumos importados.
  4. La magnificación de todos estos efectos por su transmisión a través de los encadenamientos productivos a clientes y proveedores de las empresas directamente afectadas.
  5. La caída generalizada de la demanda por efecto de la caída de los ingresos en ciertos hogares vinculados a ciertos sectores y de la incertidumbre reinante, que también magnifica todos los efectos anteriores.
Aún sin tener en cuenta el choque externo, la combinación de estos mecanismos pone en riesgo inmediato a más de 12 millones de empleos. Si la crisis se extiende al punto en que incluso las empresas más grandes de los sectores afectados incurren en despidos y cierres definitivos, el número de potenciales afectados se extenderá a 15 millones. Y muchas de estas pérdidas, especialmente aquellas en la formalidad, pueden extenderse en el largo plazo por la dificultad de recontratación y creación de empresas en el sector formal. Según estos cálculos, el efecto de los cierres es casi tres veces tan grande como el efecto de la caída de la demanda en sectores que requieren alto contacto. Pérdidas de empleo de esta magnitud, de hacerse efectivas, implicarían un retroceso de dos décadas en la lucha contra la pobreza.

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La política pública se ha ajustado para mitigar estos efectos con transferencias monetarias a los hogares en la informalidad, créditos y subsidios a las empresas, flexibilización en el pago de algunas obligaciones, todo esto a un costo fiscal no despreciable aunque tampoco inmanejable, al menos hasta el momento. Infortunadamente, la magnitud y la duración de la crisis, aún inciertas y que pueden involucrar rebotes de la epidemia, hacen que esas medidas, aunque útiles, sean insuficientes. Apuntarle a una recuperación que se mida en meses o años, en lugar de quinquenios, requerirá miniminzar la destrucción de empresas y trabajos formales, así como crear las condiciones para que unas y otros se reinventen para la nueva normalidad. Además de alimentar la esperanza de que las masivas pérdidas de bienestar producto de esta crisis no sean permanentes, la credibilidad de esa recuperación es indispensable para la financiación misma del gobierno en la crisis, la cual se dificulta si los mercados de crédito no perciben claras señales sobre la viabilidad de la economía.

Autores: Grupo de Investigación en Macroeconomía de la Facultad de Economía Universidad de los Andes.

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