Un conflicto en transformación

Paisaje montañoso en el Guaviare
Una investigación del Cider analiza los cambios que están percibiendo los habitantes del Guaviare después de la firma del acuerdo de paz.
Lina María García

Lina María García Muñoz es antropóloga de la Universidad Nacional de Colombia y magíster en Planificación y Administración del Desarrollo Regional del Cider de la Universidad de los Andes. Foto: Felipe Cazares.

Imagen de caserío con tres niños caminando hacia la escuela.
Uno de los dos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR). Foto: Lina María García.
Paisaje montañoso en el Guaviare
Paisaje montañoso en el Guaviare
Lina María García
Imagen de caserío con tres niños caminando hacia la escuela.
05/12/2019
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El Guaviare es un departamento abundante en recursos naturales, que después de la firma del acuerdo de paz han quedado sin mayor control. Pero, al mismo tiempo, el Estado hace presencia con programas entonces desconocidos, encaminados al desarrollo territorial y a la sustitución de cultivos ilícitos. Una investigación del Cider analiza los cambios que están percibiendo sus habitantes.

Desde la firma del acuerdo de paz entre el Gobierno colombiano y la guerrilla de las Farc en 2016, Chiribiquete empezó a sonar con fuerza dentro del mapa turístico nacional. Este parque natural, el primero del país reconocido por la Unesco como patrimonio cultural y natural de la humanidad, alberga tesoros como las pinturas rupestres de Cerro Azul y, aunque aún es inaccesible para la mayoría de los colombianos, es ejemplo de las transformaciones que empiezan a darse en el Guaviare.

Estos cambios, tanto los positivos como los negativos, no están exentos de paradojas. Empiezan a mostrar una nueva cara de ese departamento, antes recordado por el conflicto armado, los cultivos de coca y el rescate de la excandidata presidencial Ingrid Betancur, tres contratistas estadounidense y once integrantes de la fuerza pública en la denominada Operación Jaque. Lina García, exalumna de la Maestría en Planificación y Administración del Desarrollo Regional del Cider, lo recorrió para documentar las consecuencias del acuerdo.
 

Asamblea PNIS San José del Guaviare. (L. García 2019). 

Para la investigadora, la paz no tiene que ver solo con la reducción de la violencia, sino también con la transformación de los conflictos. Antes, la principal presencia del Estado en la zona era militar, mientras que ahora está llegando con apoyos que los habitantes no habían visto: programas de desarrollo territorial y para la sustitución de cultivos ilícitos, así como espacios de capacitación y reincorporación. Al principio, tales iniciativas fueron acogidas con desconfianza, pero aun así mostraron otra cara del Estado. La investigación, sin embargo, evidencia que esa mayor presencia es más coyuntural que estructural.

En la sustitución de los cultivos ilícitos es donde los guaviarenses han visto una mayor inversión de recursos. En este punto del acuerdo se planteó la puesta en marcha del Programa Nacional Integral de Sustitución de Cultivos de Uso Ilícito (PNIS), el cual se inició en este territorio de forma temprana. "Supongo que el Gobierno lo hizo por mostrar que la cosa iba en serio”, dice Gonzalo Vargas, profesor del Cider y quien acompañó el proceso de investigación.

En esos primeros acercamientos entre las partes se incluyó a todos los actores involucrados en el cultivo. Pero más adelante solo fueron beneficiados los que pudieron comprobar que vivían en el territorio o que eran cultivadores de coca en ese entonces. Esto dejó por fuera a los raspachines, que en un primer momento sí fueron tenidos en cuenta.

Las paradojas

La transformación de que habla la investigadora García encierra contradicciones. Un ejemplo se relaciona con el control que ejercían las FARC sobre los recursos naturales. El grupo armado resolvía diferencias entre los habitantes y controlaba la deforestación y la pesca indiscriminada. Ahora ya no hay quién controle en esta zona de la Amazonía, una situación paradójica resultante del vacío de poder dejado por la exguerrilla.

Algo similar ocurre con el hueco que se percibe en la administración de justicia. El poder que les daban las armas a las FARC les permitía establecer un orden social, al ser ellos los que resolvían los conflictos de las comunidades. Aunque a un alto costo, los pobladores tenían una autoridad que ya no está.

Otra paradoja resulta del hecho de que el Guaviare tiene áreas protegidas, resguardos indígenas, reservas forestales y áreas de manejo especial, pero las alternativas para la sustitución de los cultivos de coca pueden atentar contra su sostenibilidad. Aunque la ganadería, las plantaciones de palma y el turismo han sido vistos como opción, han prendido las alertas por no ser ambientalmente amigables. Por esto los actores institucionales convocaron una “mesa ambiental territorial”, con la que se ajustó la planeación de los proyectos productivos.
 

Los conflictos que tienen que ver con lo ambiental y lo territorial son candentes.
Lina María García
Investigadora

Lo que viene

Como en todo cambio, la incertidumbre en el Guaviare es grande. La investigadora concluye que las ayudas están llegando, pero deben articularse. Programas como el de la erradicación de cultivos tienen que incluir también un plan de desarrollo territorial integral e integrarse con los planes previstos en el acuerdo de paz a nivel nacional.

“Los conflictos que tienen que ver con lo ambiental y lo territorial son candentes” dice García, que además habla de actores que van ocupando estos territorios y la gente no tiene claro a quién acudir cuando hay un problema de tierras o ambiental.

En cuanto al anuncio de la reactivación de las extintas Farc-EP por parte de Iván Marquez, el profesor Vargas ve que, aunque incierto, “es improbable que cambie el modus operandi de las disidencias que se marginaron del Acuerdo en 2017 y que operan en los departamentos de Guainía, Guaviare y Caquetá”. Igualmente, ve trascendental la respuesta del Gobierno y la estrategia que tome, que puede ser la de dar prioridad a inversiones en desarrollo rural y seguridad civil o la de “mano dura”, que llevaría a la “estigmatización de los desmovilizados y la represión contra supuestos 'colaboradores'”.

Como conclusiones positivas, el estudio ve un fortalecimiento del turismo y la llegada de más educación y atención en salud. Cada uno de estos puntos con varios aspectos por estructurar, en un departamento que inicia una nueva etapa en su historia.

El estudio

La investigación “Efectos tempranos de la firma del Acuerdo de paz en el departamento de Guaviare. Retos y oportunidades para el territorio”, presentada por la egresada Lina García, fue ganadora en la Convocatoria de Investigaciones para Egresados del Cider. El estudio se hizo dentro del convenio entre la Fundación para la Conservación y el Desarrollo Sostenible y la Universidad de los Andes. Contó con el acompañamiento de Gonzalo Vargas, profesor del Cider.

El Guaviare

Es un territorio estratégico ambientalmente, fue un área de repliegue para las Farc y un territorio con cultivos de coca. Con el proceso de paz tuvo dos Espacios Territoriales de Capacitación y Reincorporación (ETCR) y es una de las zonas donde se lleva a cabo el Programa de Desarrollo con Enfoque Territorial (PDET), características que atrajeron a la investigadora.


 

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