02/04/2020

Mensaje a los graduandos del primer semestre de 2020

alejandro gaviria rector uniandes
alejandro gaviria rector uniandes
alejandro gaviria rector uniandes
Hoy serían los grados de la Universidad de los Andes. Quiero felicitar a todos quienes están recibiendo el acta de grado. No voy a dar un discurso, pero quiero compartir de manera sucinta el que iba a ser mi mensaje principal en la ceremonia. Está basado en mis lecturas recientes del novelista y ensayista inglés, Aldous Huxley. 

Huxley denunció, a lo largo de su vida intelectual, a los ideólogos y demagogos tan comunes en el mundo de la política y la religión. Combatió a quienes incurren, por conveniencia o convicción, en la sobresimplificación y la sobreabstracción. Para ambos, todos los males del mundo tienen una única explicación, sus enemigos: los infieles, los herejes, los enemigos de Dios, los judíos, los comunistas, los capitalistas, etc.

Huxley alertó sobre los peligros del dogmatismo y el afán proselitista. Los pecados ideológicos, decía, son los más peligrosos de todos. El ser humano es un animal extraño: mata más gente por saciedad ideológica que por hambre. Las guerras religiosas siempre han sido las más sangrientas. Pensaba que el mejor antídoto  en contra de estas formas de malentender el mundo (la sobresimplifición y la sobreabstracción) era el escepticismo. Insistió, una y otra vez, en la necesidad, casi vital, de no tomarnos las palabras, ni las ideas demasiado en serio, de mantener una distancia escéptica frente a todos los dogmas e ideologías. Por supuesto, necesitamos ideas y simplificaciones, modelos si se quiere, para navegar la complejidad de la civilización, la historia y la vida. Sin embargo, no deberíamos nunca tomárnoslas muy en serio.

En coherencia con su escepticismo, Huxley abogaba por un cierto realismo, por la modestia que debe acompañar todas las empresas humanas. El epígrafe de La isla, su última novela, resume su posición de manera breve: “Al elaborar una idea podemos suponer lo que necesitamos, pero debemos evitar las imposibilidades”. Siempre enfatizó la necesidad de ir por el mundo dando ejemplo, hablando claro en favor cierta decencia, realismo y espiritualidad.

Insistió, además, en la necesidad ética de la compasión, entendida como la solidaridad con otras criaturas finitas con las que compartimos un destino común: la muerte, la enfermedad y la desazón. Nuestra humanidad reside en entender que somos voces de la misma penuria. Si existe una rendición de cuentas al final de la vida, probablemente seremos juzgados por cuan bien hemos tratado a quienes nada tienen que ver con nosotros salvo su humanidad. 

“Es penoso, afirmó al final de su vida, haber estado imbuido en los problemas humanos toda una vida y descubrir que uno tiene un solo consejo para ofrecer: traten de ser un poco más amables”. 

Un abrazo de felicitación. Les deseo mucha suerte (la vamos a necesitar) y recuerden (así sea de manera virtual) mostrarse agradecidos con sus padres y familiares.

Los extraño.

Alejandro Gaviria
Rector 
Universidad de los Andes

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