Libros sí, botas no

protesta estudiantil setentas
En 1950, un año después de que Los Andes iniciara clases, con 80 alumnos, había en el país 10.632 estudiantes en una decena de universidades. Cuatro años después se crearía la Federación de Estudiantes de Colombia, que aglutinaría las manifestaciones estudiantiles.
23/11/2018
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El 8 de junio de 1929, durante una manifestación en contra del gobierno conservador de Miguel Abadía Méndez, el estudiante de la Universidad Nacional Gonzalo Bravo fue asesinado por miembros de la fuerza pública. 

Exactamente veinticinco años después, durante la conmemoración del suceso, organizada por los universitarios, cayó otro estudiante, también de la Nacional: Uriel Restrepo. Su muerte generó, al día siguiente, 9 de junio de 1954, una movilización estudiantil que terminaría en el nacimiento de la Federación de Estudiantes de Colombia y la instauración del 9 de junio como el Día del Estudiante.

En la década de 1960 se popularizaron los movimientos universitarios –no solo en Colombia sino en todo el mundo– y Los Andes no sería una excepción. Las primeras manifestaciones fueron los llamados “escalerazos”, durante los cuales los jóvenes protestaban, sentados en las gradas frente al edificio Franco, por el alto precio de las matrículas y reclamaban mayores oportunidades en la dirección de la Universidad. 

En 1968 comenzó a circular el periódico universitario Séneca , que afianzó la idea de la libertad de expresión con caricaturas políticas, las columnas sobre la liberación femenina y los textos con críticas mordaces al gobierno de turno, entre otras iniciativas. Dirigido por el entonces estudiante uniandino César Gaviria Trujillo, el periódico fue un espacio clave de opinión y debate sobre la universidad y los fenómenos que afectaban al país. 

En febrero de 1970, el presidente Carlos Lleras Restrepo ordenó cerrar indefinidamente la Universidad Nacional por una huelga que se estaba realizando en esa institución. El día 24, alrededor de 200 estudiantes de Los Andes, junto a otros estudiantes de universidades públicas y privadas, marcharon hasta la Plaza de Bolívar para presionar por la reapertura del plantel. 

El 3 de marzo, los estudiantes uniandinos debatieron sobre si debían entrar o no en paro como muestra de solidaridad con la Universidad Nacional. El estudiantado habló y al día siguiente, por primera vez en su historia, Los Andes entró en un paro que dio origen al comité de elecciones con representación de todas las facultades. 

Sin embargo, la participación de los estudiantes no llamó la atención únicamente por las protestas y las huelgas. El estudiantado uniandino de los setenta también propuso proyectos sobre el futuro de la educación en Colombia. El más famoso fue el “Programa Mínimo del Movimiento Nacional Estudiantil”, realizado durante el primer semestre de 1971, entre cuyas propuestas estaba la autonomía universitaria y la supresión del dominio imperialista.

LOS ANDES Y LA SÉPTIMA PAPELETA 

Quizás el más efectivo de los movimientos estudiantiles en el país llegó a finales de la década de 1980 e inicios de 1990, con el movimiento de la Séptima Papeleta, que daría vida a la nueva Constitución del 91. 

El 25 de agosto de 1989, al cumplirse una semana del asesinato del líder liberal Luis Carlos Galán Sarmiento, y justo cuando el país atravesaba uno de los más oscuros períodos de violencia masiva a causa del conflicto con grupos narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares, los estudiantes de varias universidades y colegios marcharon en silencio hasta la Plaza de Bolívar, movidos por un sentimiento de crisis social e institucional. En ese acto se conocieron los creadores de la Séptima Papeleta. 

Frente a un sentimiento de profunda crisis social e institucional, los estudiantes crearon el Frente Unido Estudiantil de Colombia (FUEC), que buscaba alternativas a la coyuntura de 
 violencia. 

La mayoría de aquellos estudiantes no superaba los 23 años, todos con un prominente espíritu social. Se reunieron en intensas jornadas y mesas de trabajo. Catalina Botero, hoy decana de la Facultad de Derecho de Los Andes; y Gustavo Salazar, hoy magistrado titular de la Jurisdicción Especial para la Paz, fueron dos de los más fuertes representantes del estudiantado uniandino. 

De aquellas reuniones salieron dos grandes corrientes: El movimiento estudiantil “Todavía Podemos Salvar a Colombia”, en el cual se encontraban principalmente alumnos rosaristas; y el “Movimiento Estudiantil por la Constituyente”, en el que trabajaban representantes de universidades públicas y privadas, incluida Los Andes. 

El movimiento estudiantil propuso aprovechar los comicios de marzo de 1990 para hacer un “plebiscito para un plebiscito”; es decir, depositar un voto como muestra de que el país deseaba un cambio constitucional. En las elecciones del 11 de marzo de 1990 los ciudadanos podían votar por seis corporaciones públicas y, además, depositar una séptima papeleta en la que podían pedir una Constituyente. De ahí surgió el nombre del movimiento. 

Aunque la Registraduría de la época no realizó el conteo formal, se cree que la séptima papeleta obtuvo alrededor de dos millones de votos. El expresidente Virgilio Barco reconoció la intención de esta iniciativa y expidió el decreto 927 de 1990 con el cual se declaró que el 27 de mayo de 1990, además de votar por un nuevo presidente, los colombianos votarían por si querían o no una Asamblea Constituyente. Además de la elección de César Gaviria, el 89 % de los votantes aprobó la conformación de la Asamblea, que daría vida a la Constitución de 1991. 

Y AHORA, ¿QUÉ? 

El movimiento estudiantil uniandino se manifestó recientemente en el plebiscito del 2 de octubre de 2016; o mejor, después de que el plebiscito para aprobar el acuerdo de paz con las Farc fuera votado mayoritariamente negativo. 

El grupo “Obvio sí”, que defendía el Sí y del que hacían parte estudiantes de varias universidades, realizó el 5 de octubre de ese año la marcha de silencio para demostrar abiertamente el apoyo al Acuerdo. Más tarde, los miembros de “Obvio Sí” cambiaron su nombre a #AcuerdoYa. 

El grupo tenía la intención de aglutinar personas del Sí y del No para encontrar una salida negociada al conflicto.  Durante el cuarto trimestre de 2016, los estudiantes de Los Andes hicieron parte de múltiples iniciativas a favor de la creación de un nuevo acuerdo. 

Una de ellas fue el Día Paíz, que este año llega a su tercera edición, con el cual se intentó que, en la cotidianidad de la universidad, se sintiera la importancia de tener un acuerdo de paz. Los estudiantes también formaron movimientos como Paz a la Calle y Paziempre. 

Este último fue finalista del premio “Los mejores líderes en Colombia 2017”. Finalmente, después de la firma del acuerdo en el Teatro Colón, miembros del Comité de Paz del Consejo Estudiantil Uniandino fueron partícipes, en 2017, del programa “Voluntariado de Paz”, que consistió en el encuentro entre estudiantes y desmovilizados en dos Zonas Veredales de Transición y Normalización. 

Con la imagen aún fresca del proceso de paz, los universitarios actuales han intentado mantener los movimientos estudiantiles para reivindicar que la paz no sólo se consigue al escribir unos acuerdos, sino con la defensa de los derechos individuales y colectivos. A fin de cuentas, todavía sigue vigente la idea de la preocupación de los estudiantes por los problemas del país

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