Con el regreso a las clases presenciales, el Centro Cívico Universitario abrió sus puertas para recibir a estudiantes y profesores. El edificio, de 10.000 metros cuadrados construidos con más de 1.000 m2 de terrazas y plazoletas, cuenta con espacios pensados para responder las necesidades pedagógicas de la Universidad y se constituye como el primer paso de una apuesta de integración del campus con sus alrededores.
    

"Este es un edificio pensado pedagógicamente. Cada uno de los espacios tiene un propósito, una lógica de ser. Hoy en día, cuando vemos cómo las personas interactúan con los espacios, nos damos cuenta de que, en efecto, como equipo logramos interiorizar un poco esa necesidad de la Universidad y llevarla a la arquitectura y por supuesto al uso del edificio”, asevera Juliana Zuluaga, gerente del proyecto.

Se refiere al Centro Cívico Universitario, diseñado a partir de módulos de 8 x 8 metros que aportan eficacia estructural y facilidad de adaptación a las necesidades futuras. Los salones cuentan con divisiones móviles para ampliar o reducir su capacidad y los demás espacios abiertos pueden ser modificados con facilidad, si es necesario. Pensando en el bienestar estudiantil, los arquitectos y diseñadores del edificio,

Cristián Undurraga y Konrad Brunner (QEPD), crearon los denominados Espacios Pedagógicos Informales (EPI), en donde los visitantes encuentran lugares adecuados para “el intercambio social, el descanso, las actividades lúdicas, el estudio en horas libres, y todas aquellas actividades que hacen parte de la experiencia académica informal sustancial de la vida universitaria”, de acuerdo con el plan maestro de la obra.

La creación de estos EPI, término acuñado por Brunner, son el resultado de distintos ejercicios pedagógicos adelantados en el campus. Tienen diferentes vocaciones: con zonas de taller para crear; de estudio para sentarse, leer, trabajar o de concentración individual; espacios para trabajos grupales; y áreas para exponer o explicar temas a un público reducido, sin necesidad de acudir a un aula de clase
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Una oferta de espacios que se complementa con los jardines y cubiertas verdes, los cuales son transitables y fueron pensados como lugares para adelantar actividades lúdicas. Sostenibilidad y hospitalidad desde la apuesta arquitectónica

 

 

El edificio ha sido pensado como un espacio ameno para estudiantes y profesores, que cumple con altos estándares de sostenibilidad. Por sus estrategias de eficiencia en uso de recursos, se encuentra actualmente precertificado LEED (Liderazgo en Energía y Diseño Ambiental por sus siglas en inglés) en categoría Oro de la versión 4 del Sistema de Certificación de Edificios Sostenibles emitido por el Consejo de la Construcción Verde de Estados Unidos (US Green Building Council).

“El Centro Cívico cumple con los más altos estándares ambientales internacionales, que van desde el proceso de construcción, la disposición de los residuos, hasta las terrazas verdes, los materiales de fachada, el uso de materiales locales, entre otros”, afirma Maurix Suárez, director de Campus Sostenible.

La mezcla de la fachada, los grandes ventanales, los vacíos centrales, los sistemas de regulación de energía y de consumo de agua, y las terrazas verdes lo convierten en un edificio muy eficiente y ameno para la comunidad. “Los arquitectos buscaron crear un espacio cálido y amable con las personas que lo visitaran; muy austero, tranquilo”, explica Zuluaga.

Por esa razón, se implementaron grandes ventanales —incluyendo una marquesina transitable en cubierta—, lo que facilita el acceso de la luz natural a todos los pisos del edificio, incluidos los sótanos. A esto se suma la fachada en celosía que, además de su aporte arquitectónico, facilita el acceso de la luz gracias a que tiene un nivel de transparencia del 70 %. Esto es complementado por el juego que se propone entre los acabados en madera y el concreto arquitectónico.

Dicha fachada también funciona como filtro de radiación solar, lo cual se suma a los vacíos centrales —que funcionan como chimeneas para el aire caliente— y las cubiertas verdes —que aíslan y refrigeran el edificio— para crear un ambiente de confort, sin necesidad de recurrir a sistemas de calefacción o refrigeración.

Mediante estas estrategias se logró implementar sistemas de ventilación natural en más del 90 % de los espacios. Además, es libre de tecnologías o sistemas que consuman refrigerantes con potencial de calentamiento global.

Las aulas y todos las áreas cuentan con un sistema de control de iluminación que atenúa las luminarias cuando hay más luz natural, lo cual, entre otras estrategias, permite un ahorro de energía de 15 % con respecto a la línea base del estándar ASHRAE 90.1 de 2010, reduciendo, a su vez, la huella de carbono asociada a su operación.

 
 

Para el ahorro de agua se implementaron aparatos ahorradores en los baños y la reutilización en los sanitarios de las aguas lluvia recolectadas en las terrazas verdes (que cuentan con especies de plantas nativas para reducir su consumo de agua y cuenta con sistemas de riego por microaspersión, los más eficientes posibles en términos ambientales). Finalmente, el edificio contó con tres planes de manejo sostenible durante la construcción para controlar su impacto en la erosión del suelo y vertimientos de agua, un control y manejo de la calidad del aire y planes de manejo de residuos.

Con aislamiento estructural contra sismos “Este, además, es el primer edificio con aisladores sísmicos construido en Bogotá”, recalca Suárez. Su implementación supuso grandes retos, pero se logró gracias a una transferencia del conocimiento con el Centro de Investigación en Materiales y Obras Civiles -CIMOC- del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, en colaboración con los diseñadores estructurales P&P y la asesoría de la compañía chilena SIRVE. El sistema consiste en una combinación de 39 aisladores y 6 deslizadores sísmicos a nivel del sótano 1, los cuales permiten un movimiento independiente entre la estructura del edificio y el suelo.

Además, se dejó un perímetro alrededor de la estructura de 45 centímetros para que la tierra se pudiera mover sin golpear el edificio. “El nivel más bajo, el piso -2, está unido a la tierra. Unos metros arriba tenemos un aislador (que es una especie de cauchos que se deforman con el movimiento) en cada uno de los ejes de columna. Esto lo que hace es soltar el edificio de la tierra. Entonces, cuando llegue el sismo, ese piso se va a mover con la tierra, pero los cauchos son los que reciben todo ese impacto y el edificio, en la parte superior, se mantiene estable”, explica Zuluaga.



Campus y ciudad
 

"Este proyecto está alineado con Campus Urbano 2048, nuestro plan maestro de desarrollo. Responde a un concepto que llamamos 'campus permeable': cómo la Universidad se integra con la ciudad, cómo el campus sale más a la ciudad y cómo la ciudad se integra más con el campus. Esos son los conceptos básicos que utilizaron los arquitectos diseñadores cuando los invitamos al concurso internacional", explica Maurix Suárez.

Según sus creadores, los arquitectos Konrad Brunner y Cristian Undurraga, el edificio respeta el entorno natural histórico y dialoga con él. Además, es una construcción versátil que se articula con los demás edificios de la zona y aporta a la revitalización del entorno arquitectónico y urbanístico de la Universidad y del Centro Histórico de Bogotá. Así, este es un espacio de dinámica estudiantil, con una altura que permite fluidez estructural con los edificios aledaños, una conexión con el entorno y la transición de arquitectura clásica colonial con la arquitectura moderna.

“Además, tiene una virtud maravillosa y es que devuelve el área del lote, otra vez, en forma de terrazas verdes, plazas, andenes y demás. Esta es la primera fase de ese esfuerzo de la Universidad por darle la cara a la ciudad, no solo en la arquitectura, sino en la forma de relacionarnos con nuestro entorno inmediato”, concluye Suárez.

Tecnología en construcción

Con el apoyo del Grupo de Investigación Ingeco del Departamento de Ingeniería Civil y Ambiental, se implementó la metodología BIM (Building Information Modeling) para asegurar los más altos estándares de la industria de la construcción.

Todos los diseños técnicos (arquitectura, estructura, redes) fueron modelados en 3D para facilitar su integración y detectar, de forma anticipada, posibles conflictos entre los sistemas. Adicionalmente, la firma Arpro Arquitectos Ingenieros, encargada de la construcción del edificio, realizó modelaciones en 4D (considerando la dimensión de tiempo) que permitieron simular la construcción del edificio para determinar preliminarmente el proceso constructivo más eficiente. Finalmente, el manejo documental del proyecto se hizo a través de la implementación de una nube de información (sala digital) compartida por todos los participantes, donde reposan las últimas versiones de los planos de todas las especialidades. Por medio de esta plataforma centralizada, se eliminó el uso de planos físicos impresos en obra, en su lugar, todo el personal utilizó dispositivos móviles (tabletas) para consultar la información.

 

 

Escrito por:

Cesar Elberto Orozco Carrillo