Océanos y agricultura: una mirada desde el cambio climático

Un prado verde junto a un mar con muchas olas.
19/02/2020
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La pérdida de oxígeno en el océano y la destrucción de bosques en Indonesia por la agricultura, son dos de las consecuencias que vive el planeta producto del cambio climático y del excesivo uso de los recursos naturales.

¿Qué medidas tomar ante una realidad que pide actuar pronto? Sandra Vilardy y Ximena Rueda, profesoras de la Universidad de los Andes hicieron un llamado urgente a la creación de acuerdos sociales para el futuro, en la quinta cátedra del Centro de Objetivos de Desarrollo Sostenible para América Latina y el Caribe (CODS).

Un país como Colombia, con 6.962 kilómetros de longitud costera, ante el aumento acelerado del nivel del mar, debe empezar a generar una planeación territorial en torno al cambio climático, de acuerdo con la bióloga y doctora en Ecología, Sandra Vilardy.

Son casi 4 millones de habitantes en estas zonas, que corresponden al 12 % de población del país, que requieren políticas públicas en las que se protejan las comunidades más vulnerables, especialmente por las amenazas climáticas.
 
Mujer en un escenario exponiendo
 
En el mundo al menos el 40 % de la población mundial vive a menos de 200 kilómetros de la costa.

El llamado, siguiendo a Vilardy, se relaciona con la palabra kogui Zhigoneshi que “nos invita a pensar en colectivo, a cooperar y a no seguir compitiendo”. Además del fortalecimiento en la reducción de emisiones, a la protección y restauración.

La disminución de la biodiversidad en los océanos es grave y más cuando entre 500.000 y 10 millones de especies en el mundo son marinas. El panorama histórico muestra un calentamiento del océano desde 1970, una sobre explotación pesquera en los 90 y un registro histórico en la tasa de producción en 2017, de 173 millones de toneladas de fuente de proteína.

“A los océanos les debemos el comercio, la extracción de materiales de minería e hidrocarburos y ser fuente de proteína –agregó Vilardy-. Dependemos del gran océano, que ocupa el 71 % de la superficie del planeta y el 95 % de la biosfera; sin embargo, hay una creciente acidificación de sus aguas y los arrecifes de coral ya están en riesgo”.
Debemos proteger a las comunidades rurales más pobres
Ximena Rueda
Investigadora

Mujer en un atril hablando

 

El error de los gobiernos con los biocombustibles


A la destrucción de bosques en Indonesia se suma el alto riesgo de extinción de los orangutanes, producto de la deforestación para la siembra de palma.

Una de las alertas mundiales que han evidenciado el uso excesivo de los recursos y, en el caso de la agricultura, concentrados en productos como la canola, la soya y el aceite de palma, para la generación de energía, a través de biocombustibles.

La economista Ximena Rueda aseguró que los gobiernos han introducido políticas de biocombustibles para reducir el carbono, ignorando que para estos materiales son necesarios los hidrocarburos y, por el contrario, las tasas de emisión han sido muy altas.

“Los gobiernos están profundamente equivocados y creen que al generar otro tipo de combustibles ya no tienen que hacer nada”, afirmó Rueda.

Y aunque las cadenas de valor agropecuarias están concentradas en pocas compañías, los pequeños productores siguen teniendo un rol muy importante como fuente de provisión de alimentos. Comunidades que sin tierra, tecnología ni acceso a mercados siguen cultivando en condiciones preocupantes de pobreza.

Rueda hizo un llamado a la protección de estas comunidades rurales que se ubican en su mayoría en Asia y en el África Subsahariana y en el que un 75 % son mujeres, niñas y niños.

¿Cómo más podría la agricultura hoy aportar a la sostenibilidad? En su conferencia la economista fue enfática en que el agua del planeta es finita y actualmente el 70 % del agua en el mundo se usa para la agricultura.

El uso del agua debe incorporar, entonces, el costo ambiental de limpiar el agua e incluso el costo de quitársela a las comunidades.

Rueda agregó que para enfrentar el futuro deben desarrollarse especies que resistan al clima y generarse una diversidad genética accesible globalmente y no privada. “Estamos viviendo una transformación en nosotros mismos, que debe ir más allá de la intención y convertirse en una lucha diaria”, puntualizó la académica.
 
 

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