"Un campo resiliente también cuestiona las relaciones de poder injustas"

Persona camina en la mitad de un cultivo de arroz.
14/01/2020
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Por: Cindy Alexandra Córdoba Vargas
Investigadora posdoctoral del Cider y profesora Maestría en Estudios sobre Sustentabilidad de la Universidad de los Andes

No, la resiliencia no es neutral.

Comencé esta columna casi fusilando el título del discurso de un científico francés que en los años 30 se atrevió a cuestionar el papel de la ciencia en el sistema predominante.

Lo uso porque su alusión a la falta de neutralidad en la ciencia le cabe perfectamente a la resiliencia.

La palabra resiliencia se ha usado para adornar políticas públicas, estrategias de gestión, programas para el desarrollo y hasta discursos políticos.

En todos ellos resulta útil en tanto sirve para reproducir los valores sociales dominantes y mientras se concibe al margen de las asimetrías de poder.

Por eso hablar de resiliencia tiene diferentes significados para los distintos grupos en la sociedad, dependiendo del lugar que ocupan en ella y de los intereses que cada uno de ellos defiende.

De ahí que no exista consenso sobre cómo responder a los cambios y perturbaciones.

Los grupos que concentran privilegios, que disponen de recursos y participan en la toma de decisiones políticas, conciben la resiliencia como adaptación, pero ¿quién quiere adaptarse y tolerar una sociedad profundamente desigual?

Por el contrario, para grupos con menos recursos y poder, la resiliencia puede significar tomar nuevos rumbos, propiciar cambios en todas las escalas, incluyendo la transformación de las estructuras de poder que son insostenibles, hacia condiciones de justicia y dignidad.

En ese contexto cuando se habla de la resiliencia de las comunidades rurales frente al cambio climático, resulta sencillo echarle la culpa a este último de los deslizamientos de tierra, las pérdidas en productividad y en diversidad o los desplazamientos de las poblaciones rurales.

Pero esta simpleza de análisis deja por fuera las condiciones estructurales que hacen vulnerables a los productores rurales, olvida el histórico abandono del campo, la dependencia del país a intereses y condiciones extranjeros, o las relaciones de producción atrasadas en el campo.

 


Es ahí que surgen opciones para salir de la crisis climática, por un lado, los bienintencionados agroecólogos estrechos de visión, plantean que algunas estrategias desde la agricultura ecológica, como la promoción de la biodiversidad y de la fertilidad del suelo, son la piedra angular sobre la cual se erigirá la tan anhelada resiliencia de los pequeños productores.

Pero ¿quién puede negar que esas prácticas no son necesarias y útiles para enfrentar los cambios en el clima, si yo misma llevo investigándolas durante más de 10 años?

Claro que son admisibles y hasta cierto punto realizables, pero claramente son insuficientes para abordar el cambio climático y la resiliencia.

Son soluciones cortas porque, aunque muchos campesinos sean 10 en agricultura ecológica, factores como la fluctuación de los precios a nivel internacional, la falta de retribución justa por la producción ecológica, las relaciones de aparcería a las que en muchas zonas están sometidos y sobre todo el poco acceso a tierra y capital para producir (Colombia tiene un índice de GINI de 0,9 según Oxfam 2017), limitan su resiliencia y les impiden responder al cambio climático.
 

La “resiliencia neutral” es invocada para evitar mencionar estos problemas estructurales del agro colombiano, normalizando relaciones de poder profundamente injustas.
 


Desde el punto de vista de los pequeños productores rurales, la resiliencia no puede limitarse a adaptarse y soportar, al contrario, la resiliencia significa transformación radical, no solo de condiciones biofísicas o agronómicas, sino sobre todo de aspectos económicos y políticos.

Esos cambios son posibles con organización y agencia de las comunidades rurales, que buscan participar de manera autónoma en procesos de decisión política, no solo frente al cambio climático, sino frente a los problemas derivados del modelo de desarrollo.

Pero ojo que no estoy defendiendo la autosuficiencia que le quita responsabilidad al Estado para echarla sobre los hombros de las comunidades, al mejor estilo neoliberal.

Al contrario, creo en la soberanía sobre las decisiones propias de campesinos, comunidades negras e indígenas, que también exige y arranca derechos al Estado.

Por tanto, creo que es imperante discutir esa idea de resiliencia neutral, que reproduce el discurso de las élites que no cuestiona el statu quo y que enmascara los mecanismos sobre los cuales se fundamenta esta sociedad.

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