¿Por qué preocuparnos por la desigualdad en Colombia?

Imagen de casas en barrio popular delante de casas más favorecidas. Foto: AFP
17/08/2018
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Por: María José Álvarez Rivadulla
Coordinadora de la Maestría en Sociología
Facultad de Ciencias Sociales

La diferenciación social implica la existencia de cualidades y roles diversos. Todos los grupos y sociedades tienen alguna forma de diferenciación que suele aumentar con el tamaño de los mismos. La desigualdad social es la jerarquización de esas diferencias. Es la condición por la cual las personas tienen un acceso inequitativo a recursos valorados.

Todas las sociedades tienen un cierto nivel de desigualdad en un momento dado. No todos sacamos la misma nota en la tarea, tenemos el mismo dinero para comer hoy, podemos dormir cómodamente cada noche. Cuando esas desigualdades comienzan a repetirse y somos los mismos los que sacamos mala nota, los que no tenemos dinero o los que no podemos dormir en una buena cama, la desigualdad se transforma en estratificación, en un sistema institucionalizado que determina quién obtiene qué. Ciertas posiciones se asocian con obtener ciertas cosas. Ahí tenemos un problema. Y Colombia tiene un problema grave.

En los últimos años, la pobreza ha disminuido enormemente en Colombia, como en toda América Latina. La desigualdad económica también lo ha hecho pero de forma lenta y resistente al cambio. Colombia sigue sacando los primeros puestos en una región de por sí desigual con su índice de Gini de 0,517 (este índice mide la desigualdad de un país siendo 0 la perfecta igualdad y 1 la perfecta desigualdad). Si además miramos la desigualdad de renta y no de ingresos, la cifra sube. Si vemos la de posesión de la tierra, sube muchísimo más. El aporte de la sociología a esta discusión pasa en parte por evidenciar otras dimensiones o efectos de la desigualdad no incluidas en la desigualdad económica. Así, la sociología agrega al debate sobre desigualdad, la noción de interseccionalidad.

¿Cómo se conecta la desigualdad económica con la desigualdad de género, de raza y regional, por ejemplo? Los más recientes estudios sobre raza y etnicidad en Colombia y otros países de América Latina muestran que el color de la piel sigue siendo un factor clave en las posibilidades de éxito y movilidad social. Por hablar solo de un aspecto de la desigualdad de género, mientras las colombianas han alcanzado a los hombres en educación, siguen ganando menos, sufren penalidad salarial por tener hijos y, además, dedican más horas al día al trabajo doméstico no remunerado (cuando llegan de trabajar, realizan lo que se llama la ‘segunda jornada’). Además, la sociología presta atención a la relación de la desigualdad con la fragmentación social.Distintas sociedades con el mismo nivel de desigualdad pueden tener distintos niveles de interacción entre personas de distintas clases sociales, dependiendo de sus instituciones, de su segregación residencial, etc.

¿Y por qué es importante? La desigualdad mata (como se titula el libro del famoso sociólogo europeo Göran Therborn que estuvo en Los Andes hace dos años), mata a quienes están más abajo en la distribución, dándoles menor esperanza de vida, por ejemplo. También inhibe la generación de capital humano (¿cuántos posibles médicos habrá en las regiones más pobres de Colombia?) e impide que el crecimiento les llegue a todos porque solo algunos lo acaparan. Pero, tal vez lo más interesante es que la desigualdad puede tener efectos negativos para los más privilegiados, entre ellos violencia, miedo a usar el espacio público, altísimos costos en seguridad y educación y hasta una peor salud (ver los estudios de Richard Wilkinson sobre esto último). La desigualdad relativa, más que la absoluta, afecta el modo en que nos situamos y sentimos en relación a los otros. Esto es importante para pensar en la posibilidad de coaliciones redistributivas. Si entendemos que la desigualdad es un problema en sí mismo, más allá de la pobreza, y que es un problema que nos afecta a todos, podremos actuar para disminuirla.

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