Pokémon Go y su aparición en el mundo real

Andrés Burbano sostiene con su mano derecha un muñeco de pikachu
12/08/2016
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Un toque en la pantalla y aparece un pokémon que tendrá que escapar de los cazadores. Millones han sido atrapados en lugares tan comunes como las calles de las grandes ciudades o tan emblemáticos como el museo de campo de exterminio de Auschwitz (Polonia). La persecución se produce a través de dispositivos electrónicos, en sitios del mundo real, donde se activa la artillería (bolas) que se recoge para luego dispararla contra los pokémones. Es como jugar a policías y ladrones, pero con la constancia de quien colecciona láminas para un álbum.

Así es Pokémon Go, la más reciente creación de Niantic –empresa que desarrolló el juego para Nintendo– y que ha revolucionado hasta las acciones en las bolsas de valores. Aunque parece novedoso, jugadores y analistas recuerdan que todo comenzó, hace unos cuatro años, con la aplicación Ingress, un juego de realidad aumentada creado por la misma empresa pero que no logró el mismo alcance y pasión entre los perseguidores de Pikachu y la tropa de pokémones.

¿Qué hace que la relación de un juego inspirado en una serie de televisión y sus cazadores sea tan fuerte? Para Andrés Burbano Valdés, doctor en Arte, Medios y Tecnología (University of California), se trata de un juego que sacó a los gamers de sus casas y los llevó al mundo real. Según explica “estamos ante el fenómeno de realidad aumentada, frente a un juego a gran escala y de alto impacto a nivel global, con la novedad de tener una ventana a la realidad a través de los dispositivos. Se puede intentar interactuar con espacios tridimensionales tal y como los percibimos normalmente”.
También, por su naturaleza, se trata de una atracción que genera interacciones complejas en la sociedad actual.

“Por ejemplo, uno levanta la tableta para atrapar un pokémon y las personas se inquietan porque creen que les están tomando fotos. Todavía peor, si uno está en un centro comercial se activan los esquemas de seguridad. Esto pasa porque hay sitios cuyos dueños o administradores desconocen que han sido mapeados dentro del juego. Yo no me alcanzo a imaginar cuando en Colombia ya no seamos dos personas capturando pokémones, sino 10, 20 o 30…”.

Esa acumulación de jugadores, atentos a un dispositivo electrónico, ha hecho que se adopten medidas de seguridad para evitar accidentes. En contraste, muchos sitios geolocalizados en el juego, pagan para que allí se ubiquen pokémones. También existen aplicaciones gratuitas que ayudan a ubicarse en el mapa más rápido. Lo otro –según dice– es que buena parte de la investigación en neurociencia muestra que cada individuo construye la realidad hasta cierto punto. “Yo creo que Pokémon Go es una ventana para ver cómo las tecnologías contemporáneas logran ejercer esa transformación de la realidad a unos niveles tan delicados y sofisticados técnicamente, en los cuales realidad ficticia y realidad verdadera coinciden de una manera muy particular y esto, creo, tiene todo el potencial para saber si lo vemos desde el punto artístico como en el cine, capaz de construir narrativas ricas, y por otro lado es una nueva capa de artificialidad que estamos construyendo a nuestro alrededor”.

Economía y lecciones
Este desarrollo digital es también una de las empresas más prósperas creadas recientemente. Según Burbano, profesor de la Facultad de Arquitectura y Diseño en Los Andes, “el impacto económico que se estima de Pokémon Go es algo así como de más de un billón de dólares al año y lo recaudan los responsables de toda la narrativa de Pokémon durante la historia: Nintendo, la televisión y su historieta animada, los videojuegos y otras marcas como Apple y Google, por las descargas y los aditamentos del juego y sus personajes”. Se trata de una rotulación en dinero que ocurrirá cada vez más rápido.
Y hay más. Lejos de la pasión que despierta tanto en ludópatas como en los empresarios, el potencial pedagógico alterno que se evidencia en los lugares mapeados representa, en algunos casos, una ganancia y un reto.

“En Bogotá, por ejemplo, es muy interesante porque los lugares donde han ubicado pokémones son esculturas públicas, grafitis y hasta museos. Esto muestra el criterio del equipo de mapeo. Sin embargo, también hay capas de la realidad que están cambiando y será muy curioso pensar en el juego cuando no tenga una actualización tan vertiginosa”. Y tal como ocurrió con la televisión en su momento, la nueva forma de entretenimiento generará críticas radicales y esto invita a pensar en la educación que oriente la forma de adaptar el juego a la realidad. “La visión negativa que pueda surgir de Pokémon Go no creo que sea muy diferente de otros niveles de interacción con los aparatos electrónicos como ‘textear’”.

Para Burbano, entender el juego como fenómeno social tomará tiempo y la última palabra la tienen los científicos sociales. Por ahora hay que asumir la responsabilidad de una nueva forma de entretenimiento sin rasgarse las vestiduras. “Hay mucha gente que se apresura a descalificar o juzgar el juego, y entonces aparecen las nostalgias de los juegos de otras épocas y demás. Cada vez que se inventa una nueva tecnología se inventa el accidente asociado a la misma. Este asunto es nuevo tanto para jóvenes como para padres, y como sociedad no estamos preparados para hacer uso responsable, inteligente y articulado con los nuevos medios. Esa es la disyunción entre la realidad que experimentamos ante los medios de comunicación y la educación que recibimos”.

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