Trabajo interdisciplinario: difícil y necesario

Rafael Vesga economista administracion y politicas publicas carnegie mello university

Rafael Vesga, Economista de la Universidad de los Andes

25/04/2016
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El trabajo interdisciplinario es como un unicornio: son maravillosos, pero es muy difícil encontrar ejemplos para mostrar. Tanto en el ámbito profesional como en la academia, todo el mundo sabe que la complejidad de los problemas que enfrentan las sociedades es enorme y aumenta a un ritmo vertiginoso. Todos entendemos que el trabajo interdisciplinario es indispensable, pero saber eso no facilita la tarea de hacerlo en la práctica.

Abundan los retos colosales que no pueden ser resueltos desde una sola disciplina: el agua, la productividad, la energía, la movilidad, la paz. A su escala, las empresas viven lo mismo: la competencia por el talento, la vigencia en los mercados, la innovación, la productividad, todos son líos que solo pueden ser atendidos por un concierto de esfuerzos desde múltiples disciplinas y especialidades.

Lo interdisciplinario ocurre cuando distintas disciplinas se integran y producen resultados holísticos, integrales. De nada sirve juntar un ingeniero, un diseñador y un biólogo, si resulta que las cartas estaban jugadas desde el comienzo y el esfuerzo era para hacer ingeniería, diseño o biología. Cuando se hace trabajo interdisciplinario, cada disciplina debe tener libertad para entrar abusivamente en el terreno de las demás. Eso produce conflictos, pero también produce cosas nuevas para todos los involucrados. Cada uno entiende dónde comienza, pero ninguno puede adivinar dónde va a terminar.

Pocos se lanzan a trabajar el camino interdisciplinario por una razón fundamental: el riesgo es alto, laboralmente hablando. Es difícil explicarle al jefe qué es lo que va a pasar en un proyecto interdisciplinario (¿Cuánto va a durar? ¿Cuáles indicadores se van a lograr en tres meses?). Si algo importante va a ocurrir en un proyecto interdisciplinario, será que la interacción entre modelos, enfoques y herramientas produzca algo inédito. Incluso cuando se logra, es difícil explicarle al jefe qué fue lo que pasó. Cuando lo interdisciplinario logra tomar vida, los propios protagonistas se demoran su rato en entender qué fue lo que realmente les ocurrió.

Lo interdisciplinario es difícil. Quien se mete por esa puerta debe aceptar que lo que sabe no es toda la verdad y no es lo más importante. El lenguaje se convierte en tierra movediza, pues las palabras conocidas significan otras cosas (¿Qué tal la palabra "poder" en boca de un ingeniero, un diseñador, un politólogo, un estadístico?). Es como caer en un país extranjero donde las palabras parecen conocidas pero no se entiende nada, como despertarse en Brasil sin aviso. Los ritmos de trabajo son totalmente distintos, lo valioso es diferente, lo emocionante es otra cosa; diferente como el día de la noche.

Con todos estos inconvenientes, ¿para qué meterse a hacer trabajo interdisciplinario? La verdad, hay una sola razón: porque toca. Ya nadie puede limitarse a ser bueno en su propia disciplina, sino que es necesario desarrollar la capacidad para interactuar con otras desde una perspectiva informada, constructiva, generosa y productiva. Hoy necesitamos todos adoptar el perfil T: profundo conocimiento de un tema y amplia capacidad para colaborar con otros. Por supuesto que el mundo necesita especialistas, pero va quedando poco espacio para los especialistas autistas.

*Economista de la Universidad de los Andes, magíster en Administración y Políticas Públicas de Carnegie Mellon University, magíster en Administración y Ph.D. en Administración de Tulane University. Profesor de Emprendimiento e Innovación y colaborador del Centro de Estrategia y Competitividad y del Centro de Emprendimiento de la Facultad de Administración.

Este es un espacio abierto de opinión, si usted es profesor o investigador y quiere publicar su columna aquí, escriba un correo a Manuel Orozco, de Comunicaciones y Marca, (mh.orozco50@uniandes.edu.co).

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