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Alegría familiar y modelo para sus hermanos

Juan Felipe Acosta Cárdenas, estudiante beneficiado por el programa Quiero Estudiar.
Juan Felipe Acosta Cárdenas, estudiante beneficiado por el programa Quiero Estudiar.

La influencia de una madre soñadora que reconoce en la educación el motor del cambio social llevó a este caleño de 21 años a alejarse de su familia para hacer realidad sus ilusiones.

Con el aroma de los cañaduzales y la calidez que le dan los mil metros de altura sobre el nivel de mar a Santiago de Cali, el 19 de julio de 1996 nació Juan Felipe Acosta Cárdenas, quien prefiere que sus amigos y compañeros de estudio lo llamen Felipe.

Desde ese día, Nancy Cárdenas, su madre, tuvo claro cuál sería el enfoque con el que iba a criar a su primogénito: la educación. Esta semilla se sembró en este joven alegre, conversador, líder y estudioso que cursa quinto semestre de Ciencia Política y tercero de Economía en Los Andes.

Nancy siempre creyó en la educación como elemento fundamental para salir adelante. Por esta razón, cuando quedó embarazada y tuvo que interrumpir sus estudios en la Universidad del Valle e ir a trabajar a la Plaza de Mercado de Santa Elena, en Cali, tenía claro que no quería que ninguno de sus hijos se involucrara con este ambiente, que hace 20 años era hostil y tosco.

Durante su infancia Felipe se caracterizó por ser tímido y callado, situación que cambió cuando comenzó su bachillerato: “En ese momento hubo gente que empezó a confiar en mí. En grado once, por ejemplo, el profesor Jimmy Pineda, de Filosofía, me mostró la importancia de ser humilde, que más allá de ser bueno, lo que cuenta es el esfuerzo que uno pone en las cosas”.

Los excelentes resultados académicos obedecían a su amor por el aprendizaje, su anhelo de enseñar y su interés por el debate, razón por la que siempre participó en conversaciones académicas con sus profesores del Colegio San Antonio María Claret, de Cali, donde estudió toda su vida.

Cuando llegó el momento de elegir una carrera no había claridad, más allá de un interés por las ciencias sociales y una excelencia en matemáticas. Por su cuenta, empezó a revisar los diferentes programas de las universidades del país, en especial de las de Cali, pero sentía que solo en Bogotá estaban los que en verdad le interesaban. Sin embargo, sabía que su familia carecía de los recursos para costearlos y tampoco quería que se endeudara.

"El problema de estudiar en Bogotá era el costo; mi mamá me decía: o tengo para la universidad o tengo para la estadía, pero no para más. Así que la solución era ganar una beca o estudiar en Cali”, compartió Acosta.

En un principio, Los Andes era inalcanzable. Sin embargo, luego de conocer a algunos beneficiarios de Quiero Estudiar, se sintió capaz y motivado a entrar con ayuda del programa de ayuda financiera.

La noticia de haber sido admitido en el programa fue muy emotiva en la casa de la familia de Acosta. “Era de noche cuando me llegó el correo de la Universidad y yo no podía de la felicidad. Le dije a mi mamá y ella casi llora. Era la alegría de estudiar lo que quería en la institución que me gustaba”, recordó con una sonrisa que ilumina su rostro.

Su ingreso fue impactante: vio una diversidad de personas de todas las disciplinas sentadas “parchando”. También le llamó la atención la exigencia académica, lo que implicaba un nivel de calidad alto.

Ya en la Universidad quiso mantener el liderazgo y diálogo abierto con profesores al que estaba acostumbrado desde el colegio, idea que compartió con su compañera Érika Silva. Luego de varias reuniones decidieron fundar la Sociedad de Debate de Los Andes, que actualmente es un círculo de participación estudiantil.

Al finalizar el primer semestre hubo otra noticia satisfactoria: debido a sus capacidades y habilidades de liderazgo, fue beneficiario de la beca LiderAndes, que son donaciones hechas por estudiantes para beneficiar a un nuevo universitario. Adicionalmente, y buscando ser fiel a su interés por la educación, se vinculó como profesor voluntario a Techo*, organización que busca ayudar a superar la pobreza en asentamientos precarios.

Gracias a su ingreso a la Universidad, sus hermanos menores, Laura Acosta (17 años) y Sebastián Gómez (13 años), tienen hoy la expectativa de poder acceder a una educación superior de calidad, como la de su hermano mayor.

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