Si no eres una parte del cambio, eres parte del problema

Foto en blanco y negro de mujer sentada dando conferencia

Embajadora de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas

29/06/2016
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Jody Williams, Premio Nobel de Paz de 1997, es embajadora de la Campaña Internacional para la Prohibición de las Minas Terrestres (antipersona), que funciona en más de 70 países. Desde enero de 2006 alterna su lucha contra estas armas, que siguen matando, incluso después de que la guerra termina, con su iniciativa Mujeres Nobel.

Ha visitado el país en varias oportunidades a preguntar en voz alta por qué el Gobierno y las Farc no han ido juntos a desminar los campos de Colombia y no ha obtenido respuesta. En la visita que hizo este año al país, Williams habló del proceso de paz y de lo que significa tener la mirada puesta en una paz sostenible. Aquí un breviario con sus frases más contundentes de la charla que realizó en la Universidad.

Así fue

Jody Williams fue invitada por la Maestría en Construcción de Paz de la Universidad de los Andes, la facultad de Arte y de Derecho y Ediciones Uniandes al conversatorio 'Remoción de minas y posconflicto'.

Fecha: 29 de abril de 2016.

"Hay que aprenderse bien las cosas que se necesitan para tener un lugar en paz y seguro. La seguridad militarizada no es seguridad. Tener soldados en cada esquina solo quiere decir que no existe la seguridad. La seguridad y la paz de un país se consigue cuando un pueblo tiene casa digna —no una mansión—, una casa con baño adentro, agua y luz. Cuando la gente tiene un trabajo con el que puede mantener a su familia, cuando tienen el derecho a educar a sus hijos y cuando hay salud. Cuando la gente tiene una vida que vale la pena vivir no se va a levantar en armas. La avaricia de la gente con poder es tal que no quiere entender esto. Ellos tienen tanto miedo porque creen que si dan un poquito ellos van a perder todo. Es asqueroso".

"El acuerdo solamente es un paso mínimo para una paz sostenible. Son palabras en un papel y si no hay implementación seria en todos los sectores, tarde o temprano van a tener problemas. Yo creo que el Tratado de Ottawa tiene tanto éxito porque la campaña sigue. Se está siempre empujando a los países porque queremos que hagan las cosas que pusieron en un papel. El papel aguanta mil palabras bonitas, pero si no hago nada en la vida esas palabras no valen nada. Ni lo que vale el papel. Y yo creo que es obligación de cada persona de este país tomar parte de la implementación de los acuerdos. Y si no lo hace yo creo que lo que tampoco deben hacer es quejarse. Porque quejarse con sus amigos, mientras se toma un buen vinito, no es la estrategia para llegar a un cambio. No se sienta un poco más inteligente porque sabe cuáles son los problemas del país y se queja, sea inteligente y tome acción para ver cambios. Si no eres una parte del cambio, eres parte del problema. Cuando yo decido no hacer nada, estoy cediendo mi poder de acción a la gente que sí está actuando".

"Se quejan porque se toman demasiado tiempo para firmar. Yo creo que es mucho mejor tomarse tiempo para llegar a un acuerdo que pueda tener éxito. Por ejemplo, en El Salvador, cuando hicieron su paz, 80 % de los acuerdos hablaron solamente de apartar a los combatientes, quitar las armas de los rebeldes y cosas así. Y los problemas sociales, que dieron fuerza a los rebeldes, no tuvieron importancia. Por eso, El Salvador es uno de los países más peligrosos. Hoy en día sus jóvenes no tienen esperanza, no tienen posibilidad de trabajo, no tienen educación. Entonces, ¿cuál es el afán de firmar? Colombia se puede tardar un año o dos más, ¿cuál es la diferencia si ya se ha aguantado cinco décadas de guerra? Lo importante es que el país esté preparado para transformar la sociedad. Para brindar todas las oportunidades a su gente para que salga adelante y tenga un futuro y una esperanza. Los temas más importantes no son las armas o las tierras. Son las oportunidades de vida que se les van a brindar a todos y a quienes nunca las han tenido".

"Las élites quieren seguridad y para ellos eso es un soldado en cada esquina, en cada camino, para que puedan llegar a sus ranchos. Y si los demás tienen que vivir con pobreza, pues qué me interesa, ellos son menos. Simplemente quiero estar seguro yo, y esa estupidez los ha llevado, como pueden ver, a vivir en guerra desde hace más de 50 años. Cuando las élites, las Fuerzas Militares y los que tienen compañías y lana deciden que así es el sistema, va a llegar un punto en el que la gente no aguante más. Si me han quitado todo y tengo que ver a mis hijos morir de hambre tal vez soy capaz de levantarme en armas y buscar a esa gente que se siente tan bonita e importante sin pensar en los demás. Es lógico. Lo peor es que todo el mundo quiere vivir en el presente. Ni un bando ni el otro se para a pensar en lo que van a vivir mis nietos y mucho menos los hijos de mis nietos. Entonces está bien si yo gano ahorita, y si puedo darle a mis hijos y ya".

"Para nuestro trabajo con las minas antipersona jugaron un papel fundamental las víctimas. Ellas se convirtieron en nuestros principales activistas porque estaban completamente seguras de que no querían que otras generaciones cayeran en minas, como desafortunadamente les tocó a ellas. Tuvieron la libertad absoluta de expresarse como quisieran y para una cumbre diseñaron un campo minado y lo pusieron a la entrada que iban a utilizar las delegaciones de cada país. Pocos tuvieron la fuerza de atravesar el campo diseñado por las víctimas, prefirieron buscar otra entrada. Y es que es muy fácil estar sentado en Ginebra, viendo los Alpes y un hermoso lago y hablar de los pobrecitos esos que sufren las minas y las guerras y otra cosa es ponerse en su situación y entender qué es lo que sufren. Muchas veces los diplomáticos o quienes se encargan de los procesos se sienten lo máximo porque, luego de tres días de estar sentados hablando, logran cambiar un siempre por un tal vez. Qué logro es ese, cuando la gente en la vida real sigue muriendo, matando y pasando situaciones adversas".

"Cuando nos reunimos nueve Premios Nobel en Hiroshima con el Dalai Lama —que es muy chistoso y muy amigo mío—, él se paró y nos dijo a todos que debía reconocer que por ser budista obviamente pasaba muchas horas de su vida en meditación. Y que él sabía muy bien que la meditación no es la que va a cambiar el mundo. Porque lo único que puede cambiarlo es la acción. Desde ahí, el Dalai Lama es mi superhéroe favorito, no Batman, ni Superman. Lo que vale en la vida es la acción, acción, acción y ya está".

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