La desmovilización, entre el escepticismo y la esperanza

carátula de libro que habla sobre desmovilización
Carátula del libro La desmovilización de los paramilitares en Colombia.
04/05/2011
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Elvira María Restrepo, profesora de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami, abogada de la Universidad de los Andes, magíster en Derecho de la Universidad de Harvard y PhD en Política de la Universidad de Oxford, estuvo el 3 de mayo en Los Andes para presentar el libro La desmovilización de los paramilitares en Colombia: Entre el escepticismo y la esperanza que compiló junto a Bruce Bagley, director y profesor del Departamento de Estudios Internacionales de la Universidad de Miami y PhD en Ciencia Política de la Universidad de California.

El libro, un proyecto conjunto entre el Departamento de Ciencia Política de la Universidad de los Andes y la Universidad de Miami, contiene capítulos de 21 autores nacionales e internacionales entre académicos, expertos y periodistas. Como lo describe la misma Restrepo, "analiza a profundidad el proceso de desmovilización de los paramilitares y examina la historia y evolución del paramilitarismo en Colombia, la situación y percepción de las víctimas, el interminable capítulo de las relaciones con el narcotráfico y algunos de los resultados del proceso en términos de justicia, desmovilización, reinsercióin y verdad o memoria histórica".

Sobre el libro y el tema de la desmovilización en Colombia, Elvira María Restrepo respondió a la siguiente entrevista:

¿Cómo fue el proceso de realización y compilación del libro?

Tomó dos años y medio. Hubo que traducir y editar los capítulos para hacer homogéneo el libro. Muchos de los autores participaron en la conferencia sobre la desmovilización de los paramilitares que se llevó a cabo en la Universidad de Miami en diciembre de 2008. Otros fueron contactados después para llenar vacíos. Donna de Cesare, fotógrafa y profesora de la Universidad de Texas, nos permitió usar su foto, que es la carátula del libro. Son la sombras de una familia en El Salado mirando cómo exhuman los restos de sus seres queridos.

¿El título del libro se refiere a la diversidad de enfoque de sus autores ('Entre el escepticismo y la esperanza')?

Sí. Entre los 21 autores hay casi que un “empate técnico” entre los escépticos y los optimistas y sus prospectos a futuro. Este empate, que fue casual, no solo es entendible, dada la diversidad y experiencia de los autores y los constantes cambios que ha sufrido el proceso, sino sano.  El escepticismo permite revisar y reformar de manera constante los problemas y tensiones existentes (que son varios) y muchos de los autores los analizan profundamente. La cuota de esperanza ayuda a entender y construir sobre lo positivo, que muchas veces se desdibuja en un conflicto tan prolongado, politizado y violento como el nuestro. Los autores esperanzados a veces exhuman temas que muchas veces nadie ve. Otros proponen ir más allá de lo estipulado, pues esa es precisamente la esencia de la justicia transicional que ha informado al proceso desde que se legisló y reconfiguró en la Corte Constitucional la Ley de Justicia y Paz.

Pero, ¿hay más esperanza que escepticismo (en cuanto a los procesos de justicia y paz) o al contrario?

Yo soy del equipo de los optimistas y espero que el libro contagie a los lectores de esperanza o por lo menos, que comprendan la dimensión del proceso y sus posibilidades a futuro. En Colombia, la desmovilización de 50.000 excombatientes (entre ellos 31.670 paramilitares) entre 2003-2006 es un hecho histórico. A la vez, y desde entonces, se han revelado miles de crímenes violentos hasta ahora desconocidos, ubicado miles de cadáveres y fosas comunes, y se han visibilizado, también por primera vez en la historia de nuestro país, a las víctimas del conflicto colombiano. Otros resultados positivos han sido el 'descubrimiento' (en el sentido de desenterrar y hacer público) de los vínculos de los paramilitares con políticos, servidores públicos, sectores de las fuerzas armadas y empresarios privados. Los paramilitares no solo violaron los derechos humanos de miles de colombianos, sino que penetraron las instituciones en ámbitos que hasta antes del proceso eran impensables.

Claro está que el proceso también ha tenido muchas fallas y tropiezos, como la extradición de la cúpula de los paramilitares a los Estados Unidos o el surgimiento de las Bacrim para solo mencionar algunos. No obstante las leyes de restitución de tierras y la ley de víctimas son el siguiente paso obligado de un proceso que aún no culmina y que me llevan a seguir con la camisa de la esperanza. Si además estas se logran ejecutar creo que valió la pena todo el proceso.

¿Cree necesario replantear visiones erradas sobre estos procesos?

La primera visión errada es que se trata de una ley para administrar la impunidad. Como lo dije antes, ha habido fallas y queda mucho por corregir y replantear pero es que, precisamente, la disciplina de la justicia transicional en que se enmarca el proceso permite y 'regula' si se quiere, la dinámica que se requiere para salir de la gran cantidad de violaciones a los derechos humanos a través de un proceso que combina dosis de castigo, verdad, reparación y reformas. Aunque nos seguimos quedando cortos en los resultados, hay que entender que el proceso es largo, quizá tan largo como el conflicto, pero se está avanzando mucho en los últimos tres aspectos, no solo para nuestros estándares nacionales.

Si pudiera resumirlo en una frase, quizá la incomprensión más grande en Colombia fue la de penalizar el proceso de desmovilización de los paramilitares. Es decir, anunciar que se iba a juzgar y a condenar a todos los paramilitares por sus crímenes atroces. Eso no solo sería imposible dada la precariedad de nuestro sistema de justicia frente a la magnitud de los crímenes de los paramilitares, sino inútil pues de ninguna manera con ello se llegaría a la paz. Los referentes históricos hablan por sí mismos. Piénsese en las clemency laws que pasaron los aliados después de condenar a miles de nazis al finalizar las segunda Guerra mundial o de un caso más reciente y emblemático como Sudáfrica, considerado como exitoso, donde solo se criminalizaron 100 casos y otorgaron aproximadamente 1000 amnistías frente a las atrocidades cometidas durante el apartheid.

En el exterior, en general, el proceso se desconoce. La indiferencia es grave, pues impide la colaboración y experticia externa e inhibe recursos que se necesitan para mejorar el proceso. Otros piensan que es otro intento fallido por la paz, incluso se ha afirmado que el gobierno amnistió a los paramilitares. Unos pocos le han apostado a la paz y la cooperación ha sido benéfica, como en el caso de la Unión Europea. Para Estados Unidos el tema de los paramilitares se mezcla con la guerra contra las drogas como claramente ocurrió cuando se extraditó a la cúpula de la AUC en Mayo de 2008.

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