Inclusión de enfoque de género, un hecho sin precedentes

rostro de mujer sonriendo, cabello largo, camiseta rosa, atras se ven arbustos

Camille Boutron, profesora del Cider

10/08/2016
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Por: Camille Boutron
Profesora asistente del Cider
Nueva Maestría en Género

El 24 de julio pasado se dio a conocer desde la Habana el Acuerdo Conjunto 82, redactado por la Subcomisión de género que se encuentra participando en las negociaciones de paz desde septiembre de 2014. Este acuerdo, que prevé formalmente la inclusión del enfoque de género en cinco de los seis puntos que articulan los acuerdos negociados entre el Gobierno Nacional y las Farc, representa un avance indiscutible por tomar en cuenta las experiencias, puntos de vista y necesidades específicas de personas "generizadas".

La inclusión del enfoque de género en los acuerdos y la alta participación de las mujeres –como víctimas, expertas nacionales o internacionales, ex combatientes– representan un hecho histórico y sin precedentes en la historia de las negociaciones de paz en el planeta. Hasta una feminista crítica como yo, a quien le cuesta creer que se pueda realmente pensar en la igualdad de género sin atacar primero el actual modelo económico-social y político dominante, no puede hacer otra cosa que dejarse atrapar por el entusiasmo y sentir una verdadera admiración por todas esas mujeres que lucharon para que se escucharan sus voces.

Esa inclusión transversal, y casi se podría decir sistemática, de la perspectiva de género, se presenta como el resultado de las numerosas luchas llevadas por las mujeres y personas "generizadas" para que se reconocieran sus derechos; pero también responde a un contexto internacional "favorable". La inclusión sistemática del enfoque género (conocida como gender mainstreaming) de hecho es (supuestamente) una política oficial de las Naciones Unidas desde finales de los años 90, mientras que la resolución 1325, adoptada por el Consejo de Seguridad en octubre de 2000, ha permitido el establecimiento de una verdadera agenda sobre 'Mujer, Paz y Seguridad'. Esa agenda, por lo tanto, ha permitido en parte visibilizar y valorizar las luchas locales y nacionales en un escenario transnacional, legitimando así aún más el protagonismo de las mujeres.

Si hay que aplaudir, e insisto en este punto, alegrarse por esa iniciativa tomada desde La Habana, el trabajo más duro empieza ahora. De hecho, sería ingenuo pensar que la sola expresión de voluntad política basta para que la inclusión del enfoque de género sea efectivo en su aplicación concreta. Aún hay muchos retos en este proceso de construcción de paz. Uno de ellos es participar concretamente en ello y no ser solamente considerad@s como un público de beneficiarios necesitando una atención "especial". Si bien colectivos de mujeres y de personas Lgbti fueron recibidos y escuchados en la Mesa de Conversaciones, se puede preguntar legítimamente qué tipo de medidas concretas van a ser implementadas para que esa subjetivación política se pueda dar en el país de manera que deje resultados en el largo plazo, sobre todo en sus regiones.

LOS RETOS DEL DESPUÉS

Es un especial informativo que muestra reflexiones académicas, aportes, iniciativas e investigaciones relacionadas con lo qué deben saber y entender los colombianos sobre lo que cambiará en el país y lo que no, si se firma un acuerdo entre el Gobierno y las guerrillas de las Farc y el Eln.
El especial nace de un esfuerzo conjunto realizado por Ediciones Uniandes y la Maestría en Construcción de Paz para convocar a los profesores de la Universidad en torno a estas preguntas.

Funcionarios públicos, autoridades locales y regionales, y personal técnico tienen que ser preparados y no bastará crear unidades específicas para tratar temas de género. No se trata de "poner un poco de género por ahí" pues, sino de participar en la construcción de un nuevo pacto social, igualitario, progresista, sostenible y, digámoslo, utópico. También uno de los retos será el de no encerrar a las mujeres y personas "generizadas" en categorías fijas, y entender que el enfoque de género, ante todo, permite entender y abordar la movilidad de las distintas identidades que componen una sociedad humana.

Hablar de "género" es bonito, pues todo el mundo está de acuerdo con que las mujeres tengan derechos y sean "protegidas". Pero el enfoque de género no debe permitir que se produzca la polaridad entre víctimas y victimarias, sino más bien tiene que participar en una redefinición del hacer político y de sus espacios. El concepto de género es sumamente político y me parece que desde la academia tenemos que tener cuidado en no dejar que se vacíe de su sentido premio, que es la puesta en evidencia de desigualdades y relaciones de poder opresivas.

Es interesante ver que la inclusión del enfoque de género no se menciona en el punto 6 sobre la refrendación de los acuerdos. El hecho de que las mujeres compongan solamente el 20 % de los altos funcionarios de las Naciones Unidas pone en evidencia las contradicciones y tensiones relacionadas con el enfoque de género entendido desde su sentido político.

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