‘Formamos maestros innovadores, críticos y autónomos’

Hombre con gafas, camisa azul y saco azul, al fondo vemos árboles
Eduardo Escallón, decano de la Facultad de Educación de Los Andes.
11/05/2016
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Durante tres lustros la Universidad ha investigado las problemáticas más relevantes de la educación en Colombia y ha formado profesionales en maestría y doctorado a través del Centro de Investigación y Formación en Educación (CIFE). En ese trasegar encontró vacíos como la falta de equilibrio entre pedagogía y conocimiento disciplinar, la poca actualización basada o inspirada en evidencia científica y la ausencia de la sistematización y análisis de las prácticas docentes. De ahí surgió la necesidad de crear una facultad que afiance el ideal de sus fundadores de trabajar en pro de la docencia de calidad. Esta ofrece un pregrado con licenciaturas en todos los rangos, comenzando desde el preescolar.
La Facultad se consolida con el trabajo producido por maestros y directivos docentes, quienes han reflexionado sobre los resultados de su labor, en acciones de aulas y en ámbitos institucionales. Esto, sumado a las investigaciones de alto nivel del doctorado, ubica a la unidad en un lugar privilegiado.
¿Ese trabajo de alto nivel aporta a la solución de los problemas del sector educativo en el país?
Ese es nuestro enfoque. Lo primero y fundamental es entender que la educación es una profesión y que la pedagogía es una disciplina académica. Y eso hace parte de los debates y dilemas que hay en torno a cómo debe ser la formación de maestros hoy en día. Partimos del principio de que esta es una reflexión sobre la propia experiencia, es decir, es en el ejercicio pedagógico donde confluyen teoría y práctica. Entendemos la educación como una praxis en la que lo teórico se está reconstruyendo cíclica y constantemente a partir de observar y pensar sobre esa práctica pedagógica.
¿De qué manera la Facultad de Educación de Los Andes innova en la formación de docentes?
Saber innovar es saber tomar decisiones que se ajustan a las necesidades y realidades de los contextos; es reflexionar y trabajar colaborativamente con docentes de otros grados y otras áreas del conocimiento; es poner primero el aprendizaje que la enseñanza; es pensar en los ritmos de aprendizajes y en las circunstancias de los estudiantes. También es lograr que ellos aprendan lo que necesitan para la vida y desarrollar sus facultades intelectuales. Para todo ello se requieren profesores capacitados en la toma de decisiones curriculares, con la claridad de que el currículo no es el plan de estudio, es el conjunto de procesos, criterios y elementos, es todo lo que se moviliza para lograr los objetivos y fines de la educación que proponen la Constitución y la ley. Eso requiere personas que puedan investigar y ajustar los procesos mediante decisiones. Se necesitan los conocimientos disciplinares y pedagógicos que ofrecen nuestros programas y también las habilidades y las actitudes identificadas para desarrollar en nuestros estudiantes, futuros maestros. No nos importa solo lo que el maestro sabe, sino lo que es, punto donde confluyen esos conocimientos que queremos implantar en el plan de estudios de las licenciaturas.
Eduardo Escallón Largacha es escritor, educador e historiador de la Pontificia Universidad Javeriana y doctor en Lenguas y Literaturas Romances de Boston College (Estados Unidos). Ha sido profesor durante más de 30 años en educación preescolar, básica, media y superior. Trabajó en el Ministerio de Educación Nacional como consultor en la formulación de los estándares básicos en Competencias Ciudadanas, entre otras áreas. En el 2014 asumió el cargo de Director del Centro de Investigación y Formación en Educación (CIFE), de la Universidad de los Andes, donde ya era profesor asociado, y allí lideró la transición de ese ente a Facultad de Educación. En el 2016 el Comité Directivo de la Universidad lo eligió primer decano de esa Facultad.
¿Hoy es así la formación de maestros?
Sé que en el país hay maestros que saben hacerlo, que están en muchas regiones trabajando con las dificultades y limitaciones del sector educativo. Puedo dar fe de que, por ejemplo, aquellos equipos de profesores que participaron en el proyecto ‘Educación para la sexualidad y construcción de ciudadanía’, del Ministerio de Educación, en el 2008, lo lograron; las evaluaciones demuestran que funcionó. Hay colegios privados de altísimo nivel donde se les da tiempo y espacio a los profesores para reflexionar y ser agentes de esos procesos de cambio, no son sujetos pasivos que reciben lo que tienen que enseñar y evaluar.
¿Qué falta en el país para que la educación sea entendida como un derecho?
Entender que la educación no es solamente el servicio, sino un derecho que tenemos los ciudadanos. Si nos quedamos en el servicio, solo evaluamos el servicio. Entonces se juzga la pertinencia, la calidad o la cobertura y eso se puede hacer con Transmilenio, por ejemplo. Entender la educación como un derecho obliga a que tengamos muy en cuenta lo que propone la Constitución colombiana y los fines de la Ley Nacional de Educación, la 115 de 1994, que propugna el desarrollo de seres humanos. Proponemos tomarnos en serio los fines de la educación para construir el país posterior a la firma de los acuerdos de paz, entender que sus objetivos no son simplemente matemáticas, ciencias y lenguaje. El fin número uno de la educación —y sorprenderá a la mayoría de los colombianos enterarse— es el libre desarrollo de la personalidad. Si pregunto cuáles instituciones educativas están organizadas para lograrlo, nos rajamos.
¿Cuáles son los énfasis de la Universidad de los Andes en la formación de docentes?
La nueva Resolución (2041 del 2016) nos obliga a ajustar todas las licenciaturas, esperamos tenerlas en biología, en química, en física, en matemáticas, en filosofía, en historia o en ciencias sociales, en educación infantil y en inglés; hay que redefinir las propuestas originales con el reto de coincidir con el propósito mismo y la manera de ser de Los Andes. Debemos ofrecer la misma flexibilidad y apertura de los otros programas, lo que implica ser muy creativos en diseñar algo que está altísimamente regulado por la ley y ajustarlo a la esencia de la Universidad.
¿Cuáles son las características del docente que se forma en la Facultad de Educación de Los Andes?
Tendrá un conocimiento disciplinar profundo y actual y un conocimiento pedagógico que, unidos, le permitirán ser una persona activa y dinámica en el ejercicio de su profesión, capaz de proponer, identificar problemas, formular alternativas, evaluarlas y tomar iniciativas para transformarlas y realizarlas. Debe ser una persona que trabaja con otros de manera colaborativa dentro y fuera de su área del saber; que siempre ponga primero a sus estudiantes y tenga en cuenta el interés general; que logre su excelencia personal, pero que esté al servicio de la sociedad; que ayude a construir un bien común, e impulse el crecimiento y el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos.

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