Los viajes de Hermes

Hermes Tovar profesor economia uniandes fotografo roger triana

Hermes Tovar, profesor de Economía de la Universidad de los Andes. Foto: Roger Triana.

Hermes Tovar en el estudio de su casa Autor La sal del desarrollo

Hermes Tovar en el estudio de su casa. Autor de 'La sal del desarrollo'.

hermes tovar, cavas en casa vino gran pasion profesor economia

Una de las dos cavas que tiene en su casa. El vino es su gran pasión.

Hermes Tovar profesor economia uniandes fotografo roger triana
Hermes Tovar en el estudio de su casa Autor La sal del desarrollo
hermes tovar, cavas en casa vino gran pasion profesor economia
03/08/2012
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Uno de los precursores de la historia profesional en Colombia cumplió 70 años al tiempo que presentó su libro La sal del desarrollo. Es Hermes Tovar, un personaje que maravilla a cientos de jóvenes con sus emotivas narraciones de viajes por el tiempo y por el mundo.

Por: Andrés Ruiz Zuluaga
ma.ruiz55@uniandes.edu.co

Ojo a...

Título
La sal del desarrollo

Autor
Hermes Tovar Pinzón.
Editorial Universidad de los Andes (Bogotá, Colombia). Colección Séneca.
Abril de 2011
203 páginas

Descripción
Se trata de un libro que revive varias etapas de la vida del autor para ilustrar cómo el estudio del pasado es fundamental para explicar traumas actuales y fenómenos sociales. Controvierte las secuelas del colonialismo y plantea un reto a los historiadores para que husmeen en ese pasado e incorporen esos hallazgos en sus trabajos sobre crecimiento y desarrollo.

Es miércoles, 12 del día. Intenso sol en Bogotá, clase de Historia Económica General en la Universidad de los Andes. A primera vista todo parece puesto para que un salón con 115 estudiantes sea un horno soporífero, pero todos están atentos y se sienten en un viaje por el mundo, liderados por un ‘capitán’ que está celebrando su cumpleaños 70, edad que parece corta teniendo en cuenta que acaba de lanzar su libro número 29, La sal del desarrollo.

Aunque es hora de almuerzo, los estudiantes están activos y atentos a lo que dice este historiador de la Universidad Nacional de Colombia llamado Hermes Tovar, que parece siempre estar feliz. Al final de la clase, pasada la 1:00 p.m., nadie se va. Todos le preguntan, le piden consejos.

“Uno sale con ganas de irse a viajar. Es muy carismático. Tiene siempre comentarios estrella y sus chistes rompen el hielo”, dice Laura Barrera, estudiante de séptimo semestre de Economía, quien además confirma que la cara de alegre de este doctor en historia de St. Antony’s College es coherente con su forma de ser.

Su apariencia es bonachona, con pelo y bigote totalmente blancos. En sus ojos se notan arrugas que no parecen formadas por la edad sino por sonreír en exceso.

“Opero como un abuelo alcahueta. No matoneo alumnos, eso lo hacen profesores jóvenes, que son muy duros”, dice Tovar, quien, además de dictar clase y escribir, investiga y así logró ganar el Premio Nacional de Ciencia Alejandro Ángel Escobar en 1987.

Los estudiantes no parecen desesperados por tomar apuntes o entender las teorías, pues estas fluyen más con las historias de Hermes.

“Cuando uno es joven es egoísta con el conocimiento, se lo guarda, piensa que se lo van a quitar o que le van a robar las ideas, pero no sufro de eso. Nos falta generosidad, ser solidarios con la juventud”, comenta en tono consejero.

¿Por qué?

Pero detrás de toda esa apariencia alegre hay un colombiano preocupado, triste, decepcionado y bastante crítico, que decidió estudiar historia para poder entender el país en el que vive y no lo deja dormir. Todos los días, desde muy joven, dice que se hace las mismas preguntas:

“Por qué somos como somos: nos creemos ‘vivos’, somos inmorales, corruptos... Por qué acá las élites son tan reducidas, por qué no tenemos sentido de la nación, de la geografía. Por qué nuestro ejército no fue capaz de disparar un tiro en fronteras cuando los gobiernos cedieron terrenos, pero sí son valientes para combatir estudiantes o campesinos. Estudié historia porque he querido entender lo que pasa en este país desde el pasado, desde lo histórico, pero todavía no lo entiendo. Es un país muy complicado”.

Precisamente sus 29 libros y sus 39 artículos de investigaciones son el resultado de todas estas preguntas que se ha intentado responder viajando, estudiando, leyendo, analizando.

Un lugar para la historia

Si en clase todo es tranquilo, lo es más en su casa, una construcción de dos plantas que a pesar de sus espacios pareciera no ser suficiente para albergar tanta historia, tanto libro y hasta unos buenos vinos. Desde la sala, los recuerdos de cada viaje se han ido apropiando de cada rincón. Decenas de Quijotes de la Mancha, de diferentes tamaños, formas, materiales y orígenes son los principales recuerdos de cada viaje. Adornan cada mesa, cada repisa y ya no caben en un estudio que parece ahogarse entre montones y montones de libros.

“Donde encuentre un Quijote lo compro. No tengo idea de cuántos tengo. Donde me vea mostrando este desorden, mi mujer me regaña –dice Tovar mientras libera algunas sillas de su enorme estudio, pone pilas de libros en el suelo e invita a sentarse–. La casa me quedó pequeña para tanto libro”.

El estudio es tal vez uno de los cuartos más grandes de la casa y es el único recinto ajeno al perfecto orden de su esposa. Es su isla. Tiene repisas repletas de libros a su alrededor y sus anaqueles se extienden como tentáculos por los pasillos.

“Fui quizás el primer profesional en historia del país. Antes venían todos de carreras diferentes, como Jaime Jaramillo Uribe o Luis Eduardo Nieto Arteta, de derecho; o Luis Ospina Vásquez, de economía. Somos prácticamente los fundadores de la historia en Colombia”, recuerda Tovar, quien, para evitar el destierro de su esposa por el desorden, debió hacer su propia biblioteca en una casa en Sopó. Los libros a la vista, en su casa, son solo los restantes: no tienen lomos uniformes ni conservan una formación militar, como en las películas. Algunos están horizontales, otros verticales y, en algunos casos, hay otros metidos casi a la fuerza.

“No los he leído todos. Los libros son como amigos, uno debe tener muchos porque tal vez en algún momento le sirvan. Siempre hay un libro para cada momento”, dice.

El origen del historiador

Sobre ‘La sal del desarrollo’

…“Con este libro, Tovar sigue demostrando que está empeñado en salvar la memoria de Colombia”.
William Ospina, escritor colombiano.

…“Es en parte autobiografía. La sal del desarrollo plantea la visión de cómo se debe hacer historia como la hace Hermes Tovar”.
Miguel Urrutia, PhD en Economía de la Universidad de California.

Tovar tuvo una infancia “traumática” en Cajamarca (Tolima), su pueblo natal. Vio arruinar la tienda de su padre, donde los campesinos pagaban cuando llegaba la cosecha y donde, por cuenta de la violencia, solo quedó el cuaderno para anotar las deudas.

“Vi morir mucho campesino y gente humilde conocida. Siempre me pregunté por qué morían inocentes y nadie decía nada. Aún no lo entiendo”, se cuestiona.

Después, su padre lo mandó al bachillerato en el colegio San Simón de Ibagué y prestó el servicio militar. Empezó a estudiar filosofía en la Universidad Nacional y realizó la licenciatura en historia en donde tuvo como profesor a Jaime Jaramillo Uribe (creador de dicha carrera). Después realizó estudios de maestría en Chile y de doctorado en Oxford, Inglaterra. Así empezaron sus viajes frecuentes, que lo han llevado a conocer tantos países que ya perdió la cuenta.

“Me falta medio mundo. Me encantaría conocer algo del centro y del sur de África, pues no me gusta pensar que todo el continente es igual, así como los europeos creen que todos los suramericanos somos idénticos”, dice mientras muestra un Quijote traído precisamente de África.

Después de terminar su licenciatura en la Universidad Nacional esta se cerró y él hizo parte de su reapertura en 1990.

Mientras enseña con orgullo una de las dos cavas repletas de vino que tiene en su casa, recuerda: “Se decía que no había suficientes profesores con conocimientos como para mantenerla, lo cual era cierto. Cuando volví luchamos para que se reabriera la carrera, que fue la primera del país. También participé en la creación de los programas de posgrado y el de doctorado en 1996”.

Gracias a todos estos aportes, en 1994 fue reconocido con el Premio Nacional de Historia.

Escudriñar el pasado

En sus viajes descubrió que pensar y actuar diferente son las claves del desarrollo.

“En Colombia el ‘no se puede’ es un principio, es nuestro problema”, se cuestiona mientras muestra su primer recuerdo de un viaje: un jarrón de madera quiteño. “No viajo para deambular, siempre observo. Trabajo las horas que son y luego me tomo unos buenos vinos en un bar. A los estudiantes les inculco los viajes. Parecemos metidos en un corral. Creemos que para el occidente solo hay mar, al oriente culebras y al sur únicamente selva. Solo vemos para el norte a Miami”.

Sus recuerdos son pequeñas artesanías que prefiere no mover, pues le han roto algunas durante la limpieza. Siempre ha viajado con su esposa y sus tres hijos: Ivonne Lucía (43 años), Jorge Andrés (40 años) y Camilo Ernesto (37 años). Jorge dejó el fútbol cuando estaba en Europa y se dedicó a la economía. “Esa es una carrera inteligente. La historia es malagradecida”, comenta entre risas.

En la lucha

Así lo ven sus alumnos

…“Conoce no solo de historia y economía sino de la sociedad en la que vive. Nos logra hacer entender los retos para el desarrollo del país”.
Santiago Castaño, estudiante de noveno semestre de Economía

…“Es muy amable y apasionado por lo que hace. Nos invita a conocer a viajar”.
Laura Barrera, estudiante de séptimo semestre de Economía

…“En media hora le da a uno tres o cuatro ideas para investigar o escribir un libro. Es la muestra perfecta de lo que produce el conocimiento”.
Ricardo Salas, egresado de Economía de Los Andes, actualmente es profesor asistente

A pesar de su aire bonachón, a la hora del análisis no le tiembla la voz a Hermes Tovar, quien reconoce que nunca ha votado ni lo hará. “Lo que tenemos en el Congreso es gente que llega sin visiones de nación, de desarrollo ni de crecimiento. No tenemos Estado”, asegura.

Entre su biblioteca es difícil encontrar sus propios libros, pero al preguntarle muestra lo que parece una pequeña sección. Allí aparece una copia de su último texto, La sal del desarrollo, que tiene mucho de autobiografía para ilustrar cómo el estudio del pasado es fundamental para explicar traumas actuales y fenómenos sociales. Tiene la visión crítica de Tovar.

“El día en que haya paz en el monte los conflictos sociales estallarán en los centros urbanos. El Estado no tiene políticas de desarrollo que les den reales oportunidades o igualdad a los sectores marginados. Mientras no se logre solucionar esto, no habrá paz de verdad”, concluye.

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