‘El capitalismo se transforma, no se acaba’

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Opinión de Kathleen Thelen sobre el sistema capitalista

05/02/2013
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Kathleen Thelen es profesora de ciencia política en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Ha publicado varios libros, el más reciente es Las variedades de la liberalización y la nueva política de solidaridad social, y numerosos artículos que aparecen en publicaciones como Política Mundial y la Revisión Anual de la Ciencia Política.Ha recibido varios premios por su trabajo, incluyendo el Premio Woodrow Wilson Fundación de la APSR (2005), el Premio Mattei Dogan de la Sociedad para la Investigación Comparada (2006), el Premio Max Planck de Investigación en Humanidades y Ciencias Sociales (2003), y el premio Stanley Hoffman al mejor artículo sobre la política francesa (2011).

El trabajo de Kathleen Thelen se centra en el origen y la evolución de las instituciones políticas y económicas de las democracias ricas, en particular, las de los países escandinavos y su experiencia le permite concluir que, pese al embate de la crisis económica, hay esperanzas.

Su teoría es que el respiro vendrá, en parte, del esfuerzo que hagan los estados por lograr niveles equilibrados de igualdad social y eficiencia económica. La tarea no es fácil y requiere aplicar medidas no tan liberales.

La clave está, sin que existan fórmulas mágicas –advierte-, en flexibilizar la fuerza laboral para que los trabajadores se capaciten y migren de un sector de la producción a otro. En contraste, se debe permitir la intervención estatal vía subsidios. Así lo han desarrollado con éxito Dinamarca, Escandinavia y Noruega.

Thelen considera que Alemania va por el camino indicado, aunque debe hacer a un lado su autoprotección egoísta. En los Estados Unidos, las decisiones del presidente Obama, de quien ella se declara admiradora, son buenas señales.

En esta entrevista, Kathleen Thelen expone el resultado de sus investigaciones, en las que evidencia las medidas adoptadas por algunos países para transformar el capitalismo en un modelo cada vez mejor y más eficiente. También explica por qué la desaceleración de la economía global no representa un riesgo.

Así fue Conferencia magistral ‘Trajectories of Liberalization and the New Politics of Social Solidarity’

Fecha: 31 de enero de 2013, Universidad de los Andes

Organizó: Departamento de Ciencia Política, Facultad de Ciencias Sociales.

¿La crisis en Europa amenaza las bases del capitalismo?

Es más una transición entre formas de capitalismo, donde aquellos países que yo estudio (los escandinavos), han hecho una transición de industria a servicios. En ese sentido, más que crisis, es una nueva fase en el desarrollo del capitalismo global.

Si es así, ¿qué pasa con los países del sur de Europa donde la crisis ha sido fuerte y el modelo capitalista similar?

Los países del sur de Europa no son exactamente los que he estudiado, pero considero que en la medida en que esas economías están atadas a las economías del norte sí se relacionan porque se vuelve una crisis de la Eurozona.

¿El capitalismo del norte avanza hacia un modelo más eficiente o está amenazado?

Hay sistemas capitalistas europeos en los cuales esa mezcla entre igualdad y eficiencia varía. Unos son muy igualitarios pero poco eficientes y al revés. Me he enfocado en países muy eficientes, con niveles muy altos de igualdad para los ciudadanos y son el modelo que considero mejor.

En ese contexto, los países europeos se pueden dividir en diferentes combinaciones entre eficiencia e igualdad. En Alemania, en contraste con Escandinavia, se sigue teniendo alta eficiencia, pero aumenta la desigualdad y en el sur de Europa el problema central parece haber poca igualdad y poca eficiencia.

¿Cómo es que los países del norte logran ese equilibrio?

Al contrario de lo que se cree, cuando un país se liberaliza disminuye la igualdad. En estos países han creado medidas para liberalizarse y al mismo tiempo han mantenido y promovido la igualdad.

La clave de todo esto es la capacitación y el entrenamiento en talentos divergentes y diferentes. Una cosa que han hecho estos estados, en contraste con los demás, es que han invertido masivamente y han subsidiado esquemas muy flexibles para capacitar a la población en talentos y habilidades distintos. Esa capacitación flexible se considera, en general, una medida liberal y lo es en el sentido en que busca versatilidad de la fuerza laboral permitiendo así que, a medida que los sectores de la economía van variando, cambia el énfasis y los trabajadores pueden migrar de un sector a otro.

Eso solo es posible, y eso ya no es liberal, con una muy fuerte intervención estatal vía subsidios. Es el estado el que asume gran parte de la responsabilidad de esa capacitación y no las empresas. El complemento de este tipo de inversión en capacitación es un soporte social, básicamente pensiones, salud y educación muy sólidos de tal manera que quienes migran no caigan en el abismo del desempleo o de la obsolescencia de sus capacidades.

A este modelo lo he llamado ‘flexibilidad arraigada’ y consiste en darles a las personas la tranquilidad necesaria para que puedan moverse en los distintos sectores de la economía sin perder esa seguridad social, como ocurre en economías donde están atados a defender su industria y no pueden mudarse.

¿El poder que tienen los empresarios en otros países ayudó a llevarlos a la crisis?

Lo que ocurre en esos países, donde hay creciente desigualdad, es que existe una serie de alianzas interclases. Es decir, entre capitalistas y trabajadores, entre empresarios o dueños de empresas y trabajadores en torno a la preferencia por el empleo estable. Lo que hacen es defender un modelo en el cual su industria y sus trabajadores van a estar protegidos de los embates del mercado, en detrimento de los trabajadores de otros sectores de la economía, generalmente no industriales, que por tanto no tienen esa capacidad ni esa defensa ni esa alianza que los protege de los cambios repentinos.

El rumbo que toma cada país tiene que ver con cuán incluyentes son las asociaciones gremiales. En los países escandinavos los gremios y las asociaciones sectoriales son muy incluyentes (diferentes rangos de trabajadores, muchas mujeres, toda clase de capacidades y talentos), mientras que en los países donde se está incrementando la desigualdad hay son asociaciones centradas en hombres, asociaciones de industriales muy poco incluyentes.

¿Cómo se entiende el concepto de solidaridad social en los países de su estudio?

Es en esencia una fórmula en la cual el Estado asume un papel redistributivo muy fuerte y los criterios centrales son una alta igualdad desde el punto de vista de ingresos, es decir, poca diferencia entre los que ganan mucho y los que ganan poco y además, un trabajo muy importante por parte del Estado a la hora de proveer no solo igualdad de oportunidades sino también igualdad en los resultados.

El Estado juega un papel muy activo vía subsidios para que aquellos sectores más beneficiados asuman mayor parte del costo y no tengan tanta capacidad de incidir en el mercado, mientras que también se provee a sectores con menos ingresos para elevar su participación en el intercambio económico, por ejemplo.

¿Cuál es la diferencia de los países capitalistas de Europa y los Estados Unidos?

Hay un contraste importante entre Estados Unidos y las demás democracias desarrolladas. Uno de los más importantes es que Estados Unidos es la democracia más desigual de los países capitalistas avanzados, pero no es un caso sin esperanza. La política de Barack Obama está empezando a desarrollar una estrategia para subsidiar entrenamiento y capacitaciones necesarias para ir en la misma dirección que han marcado otros países europeos.

¿Esa inversión en entrenamiento le puede ayudar a los Estados Unidos a superar su crisis actual?

Estados Unidos no está condenado al fracaso pero sí enfrenta una resistencia muy importante y es que, en contraste con los demás países, tiene una población muy cautelosa frente a la intervención estatal. Hay un gran temor a que el Estado se inmiscuya en aspectos de la economía e incluso los grupos que se beneficiarían de una mayor participación o subsidios del Estado se rehúsan.

¿Hay esperanza para que Europa supere la crisis o avanzará hacia otros países de la región?

Hace seis meses me consideraba mucho menos optimista con respecto del futuro de Europa. Alemania ha sido muy egoísta al tratar de dirigir las soluciones y proteger sus intereses industriales. Sin embargo, hoy siento que la situación no es tan desastrosa y puede haber una salida.

 

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