El arduo camino tras la desmovilización

Alp Ozerdem, Codirector del Centro para la Confianza, la Paz y las Relaciones Sociales, de la Coventry University, de Inglaterra
Alp Ozerdem, Codirector del Centro para la Confianza, la Paz y las Relaciones Sociales, de la Coventry University, de Inglaterra
30/06/2017
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¿Alegría y júbilo en toda la sociedad? Una pregunta que surge tras la desmovilización y entrega de armas de los grupos alzados, y este es el interrogante que se planteó Alp Ozerdem, codirector del Centre for Peace and Reconciliation Studies de la Coventry University de Inglaterra, quien recalcó que el verdadero proceso de paz comienza cuando los excombatientes llegan a la cotidianidad de las personas.

Para este investigador de varios procesos de paz en el mundo, lo más importante, más allá de la entrega de armas, es que la sociedad, el profesor, el alumno, el trabajador, el empleador, la persona del común desmovilice su mente y acepte al reintegrado en su entorno, en su vida diaria.

“Pero hay algo aún más importante y es que a pesar de que un país cambie de política, el político de turno no vaya a frenar el proceso de paz que se lleva”, resaltó.

Explicó que en varios procesos con grupos armados, los excombatientes que se reintegraron terminaron en la pobreza “y potencialmente quedaron dispuestos para ser reclutados por otros grupos armados. Uno de los errores es tratar de crear una fórmula mágica que resuelva el tema del desarme, de la desmovilización y de la reintegración de los combatientes. No hay fórmulas exactas, hay que adaptarse a las situaciones de cada conflicto”.

El investigador internacional considera que no hay que hacer tanto esfuerzo en el desarme, sino en la reintegración a largo plazo: “Hay que esforzarse en cómo se va a reemplazar el arma del excombatiente, con la que obtenía cierto ingreso económico”.

Resaltó que los excombatientes tienen que reconstruir su vida desde cero, desde la nada, sobre todo cuando están involucrados con un grupo armado por más de diez años o, en muchos casos, han vivido toda su vida, desde la niñez, en ese grupo.

“Por eso hay que tener un plan para reintegrarlos económicamente. Hay que tener una estrategia para no abandonarlos luego de que se les capacite. Ellos asisten a las aulas de clases para ser capacitados en diversos trabajos, reciben el diploma, pero en muchos casos se les saca a la calle. Es muy iluso decir que ya los reintegramos a la sociedad, pero realmente lo que se hizo fue convertir a esos cientos de desmovilizados en una cifra más del desempleo”.

Alp Ozerdem realizó este análisis en medio del conversatorio denominado “Rising Bogotá – The anatomy of Peace”, organizado por el Centro Interdisciplinario de Estudios Sobre Desarrollo (Cider), de la Universidad de los Andes.

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