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El poder de un voluntariado

Juan Felipe Alvarado Daza, estudiante de octavo semestre de Ingeniería Química y sexto de Química en la Universidad de los Andes.
Juan Felipe Alvarado Daza, estudiante de octavo semestre de Ingeniería Química y sexto de Química en la Universidad de los Andes.

Juan Felipe Alvarado, estudiante uniandino apoyado por el programa Quiero Estudiar, es un convencido del compromiso con el país para alcanzar el cambio que queremos.

Hoy en día, Juan Felipe Alvarado Daza es un convencido del compromiso que todos los colombianos debemos tener con el país para alcanzar el cambio que queremos.

Asimismo, mientras crecía en un contexto de mucha disciplina académica en su casa, descubrió la importancia de la reciprocidad. 

Seis semanas de voluntariado trabajando con niños en Perú fueron suficientes para cambiarle su visión de lo que significaba ser colombiano y el sentido de la responsabilidad social.

Era la segunda vez que Felipe había sido seleccionado en algo relacionado con la Universidad. La primera fue en 2013, cuando vio su nombre publicado en la lista de beneficiarios del programa Quiero Estudiar de la Universidad de los Andes, donde hoy cursa octavo semestre de Ingeniería Química y sexto de Química. 

La segunda fue cuando la asociación de jóvenes Aiesec lo escogió, entre otros beneficiarios del programa de apoyo financiero, para ir a Lima como voluntario. Fue tal la impresión que le causaron esas seis semanas que al regresar a clases sentía que estudiar ya no era suficiente. Y no le pasaba a cualquiera, sino a alguien que desde niño, cuando ingresó al Colegio Newman en Cajicá, se caracterizó por su excelente rendimiento académico y se convirtió en motivo de orgullo familiar. 

“En Perú empezó a crecer el ‘soy colombiano y tengo que aportar de alguna forma a mi país’. Me puse la meta de ahorrar plata para irme a otro intercambio. En ese momento había muchas noticias sobre los refugiados, y dije: me gustaría trabajar con ellos”. Fue así como un año después Felipe viajó a Budapest (Hungría), donde compartió con refugiados sirios.

El gusto por el estudio viene de su infancia. Como sus papás eran exigentes en términos académicos, se volvió muy disciplinado, lo que se reflejó en sus notas. Empezar a tener reconocimientos durante su etapa escolar le enseñó que “meterle la ficha” sí da frutos. El mayor fue obtener un excelente puntaje del Icfes, lo que abría las puertas para ingresar a las mejores universidades del país. Las pruebas de orientación vocacional les daban prioridad a ciencias y ciencias sociales, pero su interés ya era muy claro: “Desde chiquito siempre me gustó mucho la química. Por ahí me tenía que enfocar”.

Lo difícil fue seleccionar la universidad, pues era consciente de la calidad de Los Andes, pero debido a la separación de sus padres cuando él cursaba el último año en el Newman, sabía que económicamente no era una opción viable. “Consulté con el rector de mi colegio, quería que me ayudara a tomar la mejor decisión. Opté por Los Andes, que fue su recomendación, y vi la posibilidad de tener apoyo financiero, ayuda sin la cual no hubiera podido entrar”, relata mientras recuerda lo eternos que parecían los días mientras llegaban los resultados del programa Quiero Estudiar. 

De eso han pasado cuatro años en los que, como aprendió en el voluntariado en Perú, Felipe ha afianzado la convicción de que estudiar no es suficiente. Hoy hace práctica social con la Universidad en el norte de Bogotá, pues está seguro de que solo apoyando la educación y a las personas sin posibilidades de acceso a ella, Colombia va a ser un país mejor.

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